Bueno, hoy Tijuana de nuevo. Dicen que de la tierra el cordero y de la mar el mero. Pues eso, el mero jefe, en su despliegue y amplitud de fauces, se comió al peje pequeño y sustancioso de la canción de Sotiria Leonardou. Espero que no se le indigeste. Se ve que despojado de las radio-lecturas ansiaba entrar de lleno a la gerencia y reparto de la manija. JMª (también ansioso al comienzo) preguntaba luego en Atlantic City que quién era el jefe ahora. Como si eso le hubiera preocupado alguna vez. Bueno sí, alguna vez sí.
La invitación hoy a Ánghel y su antología G 21 fue todo un acierto; dio juego al debate y a la discusión de ideas, un programa ágil, literario, entretenido y con cosas que decir por parte de todos. Más aire fresco para la frontera comanche. Tendré que preguntar a alguna oyente para confirmar vibraciones.
En Atlantic City la serpiente advierte que ya prepara terreno para la futura mudanza. Más aire fresco si no fuera por (o a pesar de) las razones del cambio. El nahualt estableciendo hipótesis sobre el Sáhara y los movimientos españoles prosaharagüis. Algo bueno creo que saldrá de ahí a pesar de los centímetros y las veleidades de las epopeyas areniscas. Jesús se va a fumar fuera y le digo que avise si ve a las cariátides caminando hacia el hotel de al lado. El Capitán América sumamente preocupado por la indumentaria a llevar en su acto académico del viernes. No hay coincidencia de criterio estético con su nuevo ayudante para el audiovisual. Yo le comento que podría prestarle el birrete de mi hija la mayor, aunque es rojo y de borla un poco gastada, y no reúsa del todo. Ya veremos.
Mañana comenzaremos a echarle un vistazo a la island new generation (por fin, casi no consigo ejemplar).
miércoles, 27 de abril de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
Breviarios...(V)
Llegó jovial y encantada de la chiquillería playera que le rodeaba (pueblo pueblo). Tan fashion y distraída entre risas y comentarios jocosos. Las olas caían dulces aquella soleada mañana de Viernes Santo y llamó mi atención al mirarla con el rabillo del ojo. Las coletas la aniñaban todavía, pero despuntaba ya miradas y maneras de adulta seducción. Ocuparon el pequeño trozo de playa vacío detrás de mí. Sus uñas, perfectamente esmaltadas de un rojo pasión, contrastaban con su blanca piel. Refulgían entre las arenas negras al agacharse. Dejó caer su bolsa de playa y extendió la toalla de vivos colores, pero seguía de pie hablando entre ellas. Yo leía boca abajo sobre mi estera, a ras de arena y a un metro escaso de distancia. Como buen lector liliputiense imaginaba el panorama agigantado hacia arriba. Y vi, de pronto, cómo a sus pies cayó vertical su chicle doublemint, en un estertor de aromas afrutados. Y cómo el estilizado pie de pulcras uñas esmaltadas empujaba grácil y lentamente la arena, sepultándolo bajo el negro manto del olvido.
viernes, 15 de abril de 2011
Breviarios...(IV)
¿Qué es más salado, Herar? --preguntaba intrigante-- ¿el sudor, la sangre o las lágrimas? 1, 2, 3... marchar, escapar. ¡Calla! el transbordador ya se acerca. 1, 2, 3... Nunca lo entenderás mientras el fuego clame venganza en el último giro de tu cabello alado. ¡Calla! ¡Calla! y no preguntes. Sólo las lágrimas del mar nos darán algo por lo que seguir al otro lado del volcán.
jueves, 14 de abril de 2011
Rembétika
Tras la derrota del Imperio Otomano por parte de las potencias europeas en la 1ª Guerra Mundial, a Grecia le tocó adueñarse de buena parte de la Tracia y de grandes territorios en la península de Anatolia (actual Turquía). En 1922, sin embargo, los griegos pierden la guerra contra los nacionalistas turcos dirigidos por Kemal, artífice de la actual República de Turquía. La consecuencia es un éxodo de un millón y medio de griegos que vivían en la Anatolia. Es la derrota de Esmirna donde se consuma el desastre heleno, y donde se habían hecho populares una serie de bailes y ritmos musicales mezcla de las tradiciones de ambas culturas, con el buzuki como principal protagonista, esa especie de pequeño laud con mástil alargado. De ahí salió la música rembétika y bailes como el Zeibekiko al que luego se le añadiriían el Hassapiko o el Syrtaki, y que juntos actualmente conforman una de las bases de la cultura y signos de la identidad helena (con Zorbas y Mikis Theodorakis de por medio). En la rembétika inicial muchos de los cantares eran de contenido picante, en buena parte improvisados, y muy ligados a la oralidad. Cuando los griegos asiáticos se instalaron en la Grecia europea, sólo hubo espacio para ellos en las periferias de las ciudades portuarias, especialmente en el Pireo y Atenas o en Siros y Salónica. Allí adquirieron esa condición de marginalidad que marcaría el siguiente rumbo de la rembétika, con letras que hablaban de la dureza en la derrota de sus vidas, letras para la nostalgia de su tierra natal, para el trauma de la pérdida y la guerra, para las historias cotidianas, las pequeñas tragedias y heroicidades de sus vidas de segunda, con las drogas, la cárcel y el amor como habituales protagonistas.
Muchos han encontrado similitudes con otras músicas ‘de raiz’, como el tango, flamenco, blues, fado… ritmos todos ellos de origen marginal, que beben de la sabiduría popular en contextos de una vida dura en barrios bajos; ritmos todos ellos donde la voz (las letras/lo narrado) y el baile (lo corporal/coreográfico) tienen marcado protagonismo; ritmos todos ellos para la performance de sus propias vidas cuya fuerza dramática es convertida en un acto de catarsis casi en el pleno sentido de la poética aristotélica.
Sotiria Leonardou ¡impresionante! canta “Kaigomai”, que es una de las más conocidas canciones rembétika, pues formaba parte de las canciones de la película "Rembetiko", de Kostas Ferris (1983). Esa película trataba de contar la propia historia de este género musical a través de la historia real de la cantante Marika Ninou. La película recibió el Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín de ese año y tuvo mucho éxito en Europa y festivales de cine internacionales. La banda sonora de esta película es todavía considerada una de las mejores bandas sonoras griegas.
Por ahí conseguí la traducción de esta portentosa canción:
Cada vez que nace una persona
nace un dolor
y cuando la guerra recrudece
la sangre no se puede medir
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Juré por tus ojos,
que para mí eran sagrados,
que la puñalada que me diste
la convertiría en risa para ti.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Pero tú allí, en lo más
hondo del infierno...
rompe la cadena...
y arrástrame hasta allí contigo,
yo te bendeciré.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
(…)
¿Serán griegas como ésta las que esperamos encontrar en Atlantic City? Seguro que sí.
Muchos han encontrado similitudes con otras músicas ‘de raiz’, como el tango, flamenco, blues, fado… ritmos todos ellos de origen marginal, que beben de la sabiduría popular en contextos de una vida dura en barrios bajos; ritmos todos ellos donde la voz (las letras/lo narrado) y el baile (lo corporal/coreográfico) tienen marcado protagonismo; ritmos todos ellos para la performance de sus propias vidas cuya fuerza dramática es convertida en un acto de catarsis casi en el pleno sentido de la poética aristotélica.
Sotiria Leonardou ¡impresionante! canta “Kaigomai”, que es una de las más conocidas canciones rembétika, pues formaba parte de las canciones de la película "Rembetiko", de Kostas Ferris (1983). Esa película trataba de contar la propia historia de este género musical a través de la historia real de la cantante Marika Ninou. La película recibió el Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín de ese año y tuvo mucho éxito en Europa y festivales de cine internacionales. La banda sonora de esta película es todavía considerada una de las mejores bandas sonoras griegas.
Por ahí conseguí la traducción de esta portentosa canción:
Cada vez que nace una persona
nace un dolor
y cuando la guerra recrudece
la sangre no se puede medir
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Juré por tus ojos,
que para mí eran sagrados,
que la puñalada que me diste
la convertiría en risa para ti.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Pero tú allí, en lo más
hondo del infierno...
rompe la cadena...
y arrástrame hasta allí contigo,
yo te bendeciré.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
(…)
¿Serán griegas como ésta las que esperamos encontrar en Atlantic City? Seguro que sí.
miércoles, 13 de abril de 2011
Un cuervo en mi ventana
--¿Qué, los hermanos se pelearon anoche? --Me pregunta la serpiente desplumada.
--No no, yo no vi nada. Hablando como siempre. A la espera de alguna cariátide perdida por Atlantic City, pero nada. Como dice Campanilla, ellas ya lo saben y se esconden.
Tendré que continuar, pues, con mis entradillas musicales, a ver si es verdad que la música seduce a las fieras. Lo que si vi esta tarde es uno de aquellos capítulos maravilla de "Historias para no dormir", con Chicho Ibáñez Serrador. Concretamente El Cuervo, con texto original de Luis Peñafiel, y como protagonistas principales a Rafael Navarro, Luis Peña, Paloma Valdes, Nelida Quiroga y Javier Loyola. Todo viene por la noticia que Fresnadillo va a rodar una nueva versión de esta historia basada en Edgar Alan Poe. No sé cómo la va a enfocar él, pero sí recordaba algo de nuestra versión televisiva y quise refrescarme la memoria. Sé que a la serpiente le gustará especialmente verla de nuevo. Bueno, en la de Chicho Ibáñez, se narra una pequeña biografía de Edgar Alan Poe en torno a ese famoso poema, comenzando la historia por el momento del reconocimiento de su cadáver en la morgue del Washington Hospital de Baltimore, en 1849. Es el reverendo Rufus Crisbul quien la hace, reconociendo además su rivalidad personal y literaria con el fallecido Poe. Cuando tras la identificación el doctor le pide al reverendo los datos para el registro de su muerte, éste le va diciendo nombre, apellidos, edad, estado civil... pero al llegar a la pregunta de su profesión, éste le contesta:
--practicaba la egolatría. Envidiaba a todo el mundo.
--Le he preguntado por su profesión.
--De ella le estoy hablando. Además, cuando esas ocupaciones se lo permitían, se dedicaba a escribir. ¿Cómo murió?
--Lo encontraron tirado en una calle y nos lo trajeron. Cuando volvió en sí fue para caer en un ataque de delirium tremens del que no salió hasta su muerte. Hubo que atarle a su cama. Aullaba de terror creyendo ver seres deformes y extraños que le perseguían, fantasmas, cadáveres insepultos, monstruos... Una víctima del alcohol.
--Y de sí mismo. Yo le conocí en Filadelfia, donde dirigía el Graham's Magazine.
...Y, dicho sea de paso (esto lo digo yo), cuyo cargo no le importó sutituir para dejar al pobre Poe en la calle. La curia y su doble moral de siempre.
----------------------------
Así es, en el primer aniversario de este blog, y el cuervo diciendo ¡Nunca más!... ¡Nunca más!...
--No no, yo no vi nada. Hablando como siempre. A la espera de alguna cariátide perdida por Atlantic City, pero nada. Como dice Campanilla, ellas ya lo saben y se esconden.
Tendré que continuar, pues, con mis entradillas musicales, a ver si es verdad que la música seduce a las fieras. Lo que si vi esta tarde es uno de aquellos capítulos maravilla de "Historias para no dormir", con Chicho Ibáñez Serrador. Concretamente El Cuervo, con texto original de Luis Peñafiel, y como protagonistas principales a Rafael Navarro, Luis Peña, Paloma Valdes, Nelida Quiroga y Javier Loyola. Todo viene por la noticia que Fresnadillo va a rodar una nueva versión de esta historia basada en Edgar Alan Poe. No sé cómo la va a enfocar él, pero sí recordaba algo de nuestra versión televisiva y quise refrescarme la memoria. Sé que a la serpiente le gustará especialmente verla de nuevo. Bueno, en la de Chicho Ibáñez, se narra una pequeña biografía de Edgar Alan Poe en torno a ese famoso poema, comenzando la historia por el momento del reconocimiento de su cadáver en la morgue del Washington Hospital de Baltimore, en 1849. Es el reverendo Rufus Crisbul quien la hace, reconociendo además su rivalidad personal y literaria con el fallecido Poe. Cuando tras la identificación el doctor le pide al reverendo los datos para el registro de su muerte, éste le va diciendo nombre, apellidos, edad, estado civil... pero al llegar a la pregunta de su profesión, éste le contesta:
--practicaba la egolatría. Envidiaba a todo el mundo.
--Le he preguntado por su profesión.
--De ella le estoy hablando. Además, cuando esas ocupaciones se lo permitían, se dedicaba a escribir. ¿Cómo murió?
--Lo encontraron tirado en una calle y nos lo trajeron. Cuando volvió en sí fue para caer en un ataque de delirium tremens del que no salió hasta su muerte. Hubo que atarle a su cama. Aullaba de terror creyendo ver seres deformes y extraños que le perseguían, fantasmas, cadáveres insepultos, monstruos... Una víctima del alcohol.
--Y de sí mismo. Yo le conocí en Filadelfia, donde dirigía el Graham's Magazine.
...Y, dicho sea de paso (esto lo digo yo), cuyo cargo no le importó sutituir para dejar al pobre Poe en la calle. La curia y su doble moral de siempre.
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Así es, en el primer aniversario de este blog, y el cuervo diciendo ¡Nunca más!... ¡Nunca más!...
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