lunes, 23 de mayo de 2011

Breviarios...(VI)



Pensando, pensando, pensando. Eso es lo que estoy haciendo, pensar en ti. Tú eres mi laberinto y Ariadna ya me advirtió que el hilo se podía romper. Y ahora... ¿Quién devorará a quién?

domingo, 22 de mayo de 2011

Qué cosas las del otro viernes

Y llegó la noche en el Ateneo del valle de Aguere: "Malditos y benditos; el tránsito existencial y literario de Ezequiel Pérez Plasencia". Y por ahí, por la primera palabra de ese rótulo, se centraron muchas de las intervenciones tanto de la mesa como del público. Maldita palabra esa, ¡quién coño quiere ser maldito! ¡Nadie! Pero la vida... la vida, tu vida, porque no existe otra sino la de cada uno, a veces no deja otra opción que caer, y levantarse, y volver a caer, y volver a levantarse. Pero la integridad te lleva a nunca claudicar, aunque estés en la cuerda floja. Porque si claudicas te traicionas a ti mismo, y entonces sí estás acabado.
La obra sí, pero la vida también. Sobre todo en un homenaje póstumo (que el don de la oportunidad también existe), y lo dice alguien como yo, que nunca lo conoció personalmente sino solo a través del testimonio de algunos de sus amigos.
Eso fue en la misma noche en que apareció T. cambiada y jovial, hablando de sus conocimientos de archivo y de los fondos donde aparecen venturas y desventuras de los canarios americanos (otra vez el Atlántico). Y C. se puso meloso con T., y vio que alguien sobraba, y me despidió sin contemplaciones. Así es, para que luego hablen de los cuervos.
Fue aquella noche en que me presentaron a Fray Liberto, sin serlo, aunque todavía intento recordar de qué otra cosa lo conozco. Me dice que es efectivamente de esa tierra de los últimos temblores, pero que ni Fray ni Liberto, aunque sí algo libertino. Kamenev me lo reconfirma una y otra vez. --Díselo, díselo (repite) que a mí ya no me hace caso. --Ni que tuviera yo el don del convencimiento, pero ahí va el mensaje tirado al Atlántico, a ver si cruza el charco y llega a la otra orilla, donde el mar dulce y tibio de la bahía huele a marisco recién cocinado.

viernes, 20 de mayo de 2011

Maguas del Atlántico

Está claro que para nosotros el Mare Nostrum está en el Atlántico. Ayer nos vimos por la vieja San Cristóbal de La Laguna, por su Ateneo, más concretamente. Y ya se respiraba esa atmósfera previa al sentido homenaje que se avecina: Hoy a las 19 horas y en el Ateneo de La Laguna, momento para el recuerdo de la figura y de la obra de Ezequiel Pérez Plasencia. Ayer, como decía, quise encontrar alguna cosa más de Ezequiel y nos acercamos a la librería El Águila. Allí conseguí El regreso de Calvert Casey, viaje interior en los barrios de La Habana y Santa Cruz de Tenerife, de la editorial del drago, Benchomo Ed. Un hermoso encuentro con Nuestro Mare Nostrum, entre la habanía y el chicharrerismo (ese que nunca deberíamos dejar en manos solo del enfrentamiento más pueblerino). Los dos lados del charco, 'nuestro charco', ese que brincamos con más asiduidad de la esperable por la distancia, ese que nos baña y que nos une desde los comienzos. Así fue como he ido saltando yo hasta Praia con su cercana Cidade Velha; a Essaouira desde el siempre fascinante Marrakech; a Cartagena de Indias, Barranquilla y Santa Marta donde descansa el Libertador; a Dublín, Londres y Estocolmo; a Pontevedra, Vigo y Santiago de Compostela; a New York y más al norte Hartford, por el estado de Conecticut, y más adentro Buffalo y Toronto con aquella magnífica colección de esculturas de Henry Moore... Y ya me hubiera gustado ir más abajo, por Atlantic City y Baltimore con sus art cars y su Chesapeake Bay, donde imagino está ahora JMª devorando cangrejos.
De todo ese Mare Nostrum diverso y cosmopolita, hoy Ezequiel me habla de dos ciudades isleñas; de la isla en una isla que es la magua, de la magua que es tener un pie a cada lado del charco, y de la inevitable incompletud que te desasosiega para siempre, estés donde estés, de cada uno de esos lados. Y en el homenaje a esa magua, la autoidentificación con el ya muerto en ese entonces y también escritor, Calvert Casey; la imposibilidad del encuentro completo, el placer de reconocerte en otro, en otro lugar, pero con la fantasmagoría de hacerlo en un espejo cuyo sujeto ya no está. Por lo demás, todo el gran placer que es contar cuentos de esa condición de la existencia que es el vagamundo.
--¿A qué edad murió Clavert Casey? --Le preguntaba una amiga. --A la de 46. --Ah, pues todavía te quedan unos añitos. --Contestaba irónica.
Al fin, resultaron algunos más, pero tan solo algunos más. Si la verdadera vida comienza a los 40 y concluye a los 65, pues esa era su propia teoría y esperanza de vida; si los cuarenta es la edad madura de la juventud donde comenzar a dar lo mejor de ti y los cincuenta la juventud de la edad madura, donde hay muchas posibilidades de encontrar momentos de felicidad, (...) casi que te han quitado el caramelo de la boca, y, seguramente, también a nosotros como tus lectores.

jueves, 19 de mayo de 2011

Jesus Gonna Be Here, Tom Waits

Sin duda, una gran canción para estos tiempos que corren. Tiempos de nuevos líderes, tiempos de elecciones e iluminados. ¡Uf!



"JESÚS VA A ESTAR AQUÍ"

Bueno, Jesús estará aquí
Estará aquí pronto
Nos va a cubrir con hojas
Con una manta desde la luna
Con una promesa y un voto
Y una canción de cuna para mi frente
Jesús va a estar aquí
Estará aquí pronto

Bueno, voy a esperar aquí
No tengo que gritar
No tengo ninguna razón y
No tengo ninguna duda
Voy a desconectarme
De este mortalmente enrollado mundo
Porque Jesús va a estar aquí
Estará aquí pronto

Tengo que mantener mis ojos abiertos
Para poder ver al Señor
Voy a buscar en el horizonte
Un flamante Ford

Puedo oírle bajando por la calzada
Dije Hollywood sea tu nombre
Jesús va a estar
Va a estar aquí pronto

Bueno, yo he sido fiel
Y he sido tan bueno
Excepto por la bebida
Pero él sabía que yo
Voy a dejar este lugar mejor
De lo que lo encontré
Y Jesús va a estar aquí
Estará aquí pronto

TRADUCCIÓN MÍA DEL "JESUS GONNA BE HERE" de Tom Waits

Well, Jesus will be here
Be here soon
he's gonna cover us up with leaves
With a blanket from the moon
With a promise and a vow
And a lullaby for my brow
Jesus gonna be here
Be here soon

Well I'm just gonna wait here
I don't have to shout
I have no reason and
I have no doubt
I'm gonna get myself
Unfurled from this mortal coiled up world
Because Jesus gonna be here
Be here soon

I got to keep my eyes open
So I can see my Lord
I'm gonna watch the horizon
For a brand new Ford

I can hear him rolling on down the lane
I said Hollywood be thy name
Jesus gonna be
Gonna be here soon

Well I've been faithful
And I've been so good
Except for drinking
But he knew that I would
I'm gonna leave this place better
Than the way I found it was
And Jesus gonna be here
Be here soon

miércoles, 18 de mayo de 2011

Del G21, reseña prometida (y II)

En “Sin cara ni cruz”, David Galloway aborda el tema del cornudo, del cornudo que juega a matar a su esposa cuando la relación ya hace tiempo que llevaba muerta. El placer de contar todas las tribulaciones de él y el repaso a recuerdos y momentos expresivos de ella. Todo ese embeleso en medio de la desidia y la dejadez; la implacable inercia de las vidas replegadas a sí mismas, para el relato profuso de un mundo particular; el particular mundo del traidor traicionado y del corazón roto de amor. Y todo ese deleite, sin prisas, por asomarme a ese mundo de reproches y ternura de hombre en su contradictoria humanidad. Demasiadas páginas para que no decaiga el cuento …y hubo algún momento, pero el cuento no decayó.
En “Una superviviente, tal vez eso lo explica todo”, Nicolás Melini también se atreve a explorar esos inmensos universos de empatías y desencuentros de toda relación amorosa. La siempre deliciosa prevaricación de las emociones; la prueba del sometimiento y el despecho; la falsa sensación de victoria en un terreno donde todos pierden aunque ganen… y demás. Cómo no reparar en ello.
“El encargo” de Santiago Gil tiene ese extraño aroma de lo confesional, del secreto contado a la oreja en una noche de copas, algo que te agarra, te implica y atañe descaradamente. Nos habla de las ilusiones y derrotas del escritor, pero bien pudiera ser de cualquier otra profesión deseada y no conseguida del todo, y, por ello, la casi serena humillación de cada día frente a la ‘normalidad’. Algo de lo que muchos sabemos de sobra.
“Los ojos de Henry Fonda”, de Javier Hernández Velázquez, no me lograron atrapar del todo. Quizás, el autor también debería probar con otra clase de mujeres; no tan rubias, no tan despampanantes, no tan deseadas ni deseosas. No sé, igual el esquema ya empiece a estar un poco agotado y convenga algún giro, otro contexto del que salgan nuevas sensaciones y situaciones. No me ha resultado así en su narrativa larga, pues afortunadamente hay otros ingredientes, pero sí comienza a ser una más que previsible constante en su narrativa.
De “La edad de Cristo” de Pablo Martín Carvajal, me quedó una agradable sensación tras lo quijotesco de su lucha contra unos gigantes transformados esta vez en aversiones por tal o cual palabra. El odio al lenguaje como reverso del odio a las personas, porque son ellas mismas lenguaje hecho suyo, modelado hasta la completa fusión entre lo denotado y lo connotado. La lucha contra las palabras se torna así en lucha contra determinados individuos, y la obsesión por eliminarlas en purificación máxima de los seres parlantes. Aunque pudo sacarle más partido a eso sin tanta necesidad de abordar lo absurdo del intento.
Y, por último, de “El perro” de Anelio Rodríguez Concepción decir que me gustó bastante esa manera de crear una pequeña historia cotidiana cuyo final te obliga a pensar mucho más allá de la misma. Una historia que te da pie a pensar en recorridos vitales, en el papel tan importante que juegan los pequeños detalles en determinados momentos de nuestra propia vida, detalles insospechados y olvidados hasta el momento en que te toca reparar en ellos. Sin duda, el mejor final de esta colección de cuentos.
Que quién soy yo para hablar de esto y lo otro, para atreverse a interpretar o emitir opinión haciendo comparaciones, seguramente tan injustas como odiosas y demás fruslerías… Pues, eso, solo un lector, tan solo un cuervo lector que de vez en cuando le da por picotazos a diestro y siniestro, para luego iniciar un par de saltos de impulso y echar a volar a otra cosa.