Instalados en Miraflores, a la vera del Nervión y cerca del puente Miraflores-Larreagaburu, con su inmenso y característico arco de hormigón bajo el que vivían unos marroquíes hace un tiempo (recuerdo reportaje). En la capital isleña este nombre de Miraflores nos trae tiempos del viejo Santa Cruz, pero aquí es una moderna zona de edificios cúbicos, subiendo la ladera a continuación de Atxuri. Bajamos y subimos Atxuri a diario, y de camino siempre veo un cartel con flecha que indica Hotel Sirimiri. No sé si significa lo mismo en euskera, pero en mi tierra le llamamos chirimiri a la lluvia fina, la misma que nos cae a ratos por aquí. Una fina cortina de agua que no llega a molestar, a poco que te cubras con algo impermeable. En Aguere sabemos algo de eso. La temperatura, sin embargo, es ideal (de unos veintipocos). Nos hace mucha gracia los necesarios paraguas (por lo que se ve) para tender la ropa. Los vemos colgados de cuando en cuando en las traseras y fachadas laterales de los edificios, permanentemente abiertos y sin mástil ni empuñadura por donde cogerlos, con las ropas tendidas desde sus varillas.
Nos adentramos por la zona vieja, donde nos topamos con la plaza de D. Miguel de Unamuno, con cabeza esculpida al final de columnata que mezcla estilos clásicos, corintio y jónico a la vez. Allí está él rodeado de góticos que pareciera tengan en ese sitio su congregación semanal. Y seguro que contento, pues así se mostraba él también de diferente, intelectual y trágico. Continuamos callejeando, dejándonos llevar por su ambiente concurrido y lozano, con sus innumerables tascas y bares de picoteo, atiborradas de vascongados dichicharacheros. Igual ocurría bajo los soportales de la Plaza Nueva, a la que llegamos por pasadizos inesperados. En la catedral de Santiago me llamó la atención los retablos barrocos, de madera policromada y grandes columnas salomónicas profusamente decoradas. En uno de ellos, el de San Diego, encuentro una alusión a Santa Teresa de Jesús y me acuerdo de las conversaciones de Jesús en radio Tijuana-La Puerta. Jesús hablaba una vez de la vida de los santos, de sus estados de éxtasis, de las drogas y sus efectos, etc. Según texto explicativo del retablo, en el ático hay óleo dedicado a Santa Teresa que recoge su estado de ‘transreverberación’. Joder con la palabrita. El cuadro está muy oscuro y apenas se adivina las figuras que lo componen. Santa Teresa parece postrada, con expresión algo traspuesta y rodeada de acólitos que imaginan la intensa experiencia de abandono terrenal. De pronto, el órgano de la catedral (que no el de la santa) nos invade con sus bellas entonaciones. Se trata de un concierto en honor a Bach. La mayoría de los parroquianos y curiosos portan libretos del evento, y los consultan con devoción. “Fuga (Allabreve) en si bemol mayor sobre el nombre de B-A-C-H” de Johann Ludwig Krebs, “Fantasía y Fuga en sol menor” de Felix Mendelssohn Bartholdy… Y así hasta la nota local: “Contrapunctus XIX” de Patxi García Garmilla (Bilbao, 1956), que al parecer va de variantes cromáticas y diferentes temas de “El arte de la Fuga” BWV 1080 de J. S. Bach. En fin, más de la alta cultura bilbaína, que no sé si a JMª se le escapó en su libro. Seguiremos leyendo.
"La Ría es la columna vertebral de Bilbao. Las minas de Somorrostro y Ollargan hicieron la Ría y la ría da origen a Bilbao..." (Juan Antonio de Zunzunegui). La Ría todavía no la conozco, pero sí al Nervión en su culebrear previo. Uno de esos últimos coletazos da lugar a la llanura del ensanche bilbaíno hasta que ya no tuvo más remedio que trepar por las vertientes del cauce fluvial. El moderno, comercial y ahora muy museístico, frente al casco viejo, cruzando por El Arenal. Por allí, por El Arenal, gustaba pasar JMª, según dice en su Vasca Cultura..., a paraguas y diario adherido. No sé si en aquella época setentera, a la que se refiere, existía ya la escultura de Oteiza que ahora encuentro yo frente al Ayuntamiento. No sé si su Arenal habrá ganado o perdido con ello, pero viendo una foto aérea de hace unas décadas, me temo que sí, que algo sí ha cambiado en esas arenas que otrora se llenaran de embarcaciones varadas."Variante ovoide de la desocupación de las esfera", nos dice Oteiza que es su escultura del Arenal.
lunes, 25 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
Por el vórtice bilbaíno
Después de un par de semanas bastante olvidado de este blog, espero recobrar el impulso. Y nada como la disculpa de unos días de viaje; un diario de impresiones y algún que otro recorrido colorista. No será la primera vez, ni la última.
Al fin volamos. Adiós a la isla-paréntesis de Aldecoa; a la isla-jaula, según me contaba una vez mi amiga del sur. Dejamos atrás la isla-triángulo, como digo yo, rodeada de nubes, al norte y al sur; asomando su triángulo mayor, su pirámide-cúspide y su jardín pinacular. El área capitalina queda escondida por el mar de algodón. Los barrios de La Cuesta y La Maldad no se ven. Lástima, tenía curiosidad por ver al Súper Chicha desde aquí arriba, con su brazo extendido a lo Mazinger Z. Cajonera City tampoco se ve, pero imagino lo que sucede allá abajo en esta mañana triste para algunos de los que conozco de aquel Parnaso.
Volamos. Dejamos atrás el Atlántico y avanzamos por tierras lusas. Hay un gran estuario en la desembocadura de un río sobrio y oscilante, y una ciudad que se expande por todo ello. ¿Será Lisboa y será el Tajo ese río? No sé, pierde uno demasiadas referencias asomado a estas pequeñas ventanas de Boeing 737, a diez mil metros de altura. En la llanura de aluvión que bordea al río se ven numerosas parcelas agrícolas con toda la gradación de colores que van del verde clorofila más intenso hasta el pardo más agostado. Las viejas formas rectangulares compiten con las circulares de las nuevas técnicas de riego. Algunos círculos no se completan y adquieren dibujos que me recuerdan a aquellos comecocos de los ochenta.
Seguimos rumbo al norte, grandes extensiones parduzcas y grisáceas y, de vez en cuando, grandes pantanos que extienden sus formas azuladas por cuencas alargadas; con ramificaciones principales y adyacentes; con bordes quebrados, dibujando extraños animales, monstruos psicodélicos, tentaculares. El Boeing cambia de rumbo, hacia el noreste, y la gran meseta peninsular aparece abajo, mayormente pajiza, pero salpiqueteada de marrones y verdes. Magnífico pixelado de una anodina geografía, de horas de camino a la sombra de la repetitiva canción de las chicharras.
Continuamos. Anuncian el descenso a Bilbao. Los villorrios asoman entre nubes y manchas de verde oscuro cada vez más frecuentes. El Mar Cantábrico nos espera en lontananza y apenas he comenzado a leer Vasca Cultura de Altura, un libro de nuestro amigo y compañero tertuliano JMª. Le había preguntado hace unas semanas por un libro para ir ambientándome en este viaje a Bilbao y territorios anejos. No recordaba ya que tenía pendiente este Retorno estético a Oteiza e Ibarrola. Nada mejor para abrir boca en este viaje, 206 páginas (no sé los centímetros) de puro repaso vascongado.
Nos recibe una terminal no muy grande pero de puro costillar Calatrava. Una estructura blanca rematada de cristalería. Por los pasillos no veo nada de ese habitual bombardeo de imágenes; el tour de exotismo prefabricado. No, este País todavía no se representa y escenifica de esta manera, lo que es de agradecer. La saturación de imágenes entra por otras vías, pero no hasta el punto de verte en una historia que parece que ya te han contado hasta el final.
La aproximación al sitio donde reservamos la hacemos en guagua, como si fuéramos locales. Bueno, hasta uno que sí que lo era, pero despistado, me preguntaba a mí que dónde estaba no sé qué. --No no, no sé. --Le dije. Y él mirándome raro, como pensando que no quería colaborarle. Y yo con ganas de decirle ¡Que no, chaval, que es mi primera hora de estancia por estas tierras! Nada que ver con el camarero del bar al que entramos mucho más tarde, ya de noche. --¿Podemos coger esta mesa libre? –Le pregunto. –Sí hombre, ¿para qué, para llevártela? Ja ja–No no, le digo que si está libre, ja ja –¡Joder con estos canarios! ¿Qué, acabáis de llegar de las islas? –Sí sí… --Nada, reconocidos a las primeras de cambio. Luego nos enteramos que él había estado trabajando unos años por allí. Le pregunto dónde, y va y me suelta que en Las Galletas. ¡Joder, qué mundo!
Esta gente del vórtice es muy simpática con los foráneos y muy dada a echarse unos chatos en las calles, de tertulia nocturna, y... no sé qué más... porque nos vamos. Ya estamos hechos polvo. Joder, nos levantamos desde las cinco y media.
Mañana más, si es que vuelvo a tener un momento de conexión a la gran red.
Al fin volamos. Adiós a la isla-paréntesis de Aldecoa; a la isla-jaula, según me contaba una vez mi amiga del sur. Dejamos atrás la isla-triángulo, como digo yo, rodeada de nubes, al norte y al sur; asomando su triángulo mayor, su pirámide-cúspide y su jardín pinacular. El área capitalina queda escondida por el mar de algodón. Los barrios de La Cuesta y La Maldad no se ven. Lástima, tenía curiosidad por ver al Súper Chicha desde aquí arriba, con su brazo extendido a lo Mazinger Z. Cajonera City tampoco se ve, pero imagino lo que sucede allá abajo en esta mañana triste para algunos de los que conozco de aquel Parnaso.
Volamos. Dejamos atrás el Atlántico y avanzamos por tierras lusas. Hay un gran estuario en la desembocadura de un río sobrio y oscilante, y una ciudad que se expande por todo ello. ¿Será Lisboa y será el Tajo ese río? No sé, pierde uno demasiadas referencias asomado a estas pequeñas ventanas de Boeing 737, a diez mil metros de altura. En la llanura de aluvión que bordea al río se ven numerosas parcelas agrícolas con toda la gradación de colores que van del verde clorofila más intenso hasta el pardo más agostado. Las viejas formas rectangulares compiten con las circulares de las nuevas técnicas de riego. Algunos círculos no se completan y adquieren dibujos que me recuerdan a aquellos comecocos de los ochenta.
Seguimos rumbo al norte, grandes extensiones parduzcas y grisáceas y, de vez en cuando, grandes pantanos que extienden sus formas azuladas por cuencas alargadas; con ramificaciones principales y adyacentes; con bordes quebrados, dibujando extraños animales, monstruos psicodélicos, tentaculares. El Boeing cambia de rumbo, hacia el noreste, y la gran meseta peninsular aparece abajo, mayormente pajiza, pero salpiqueteada de marrones y verdes. Magnífico pixelado de una anodina geografía, de horas de camino a la sombra de la repetitiva canción de las chicharras.
Continuamos. Anuncian el descenso a Bilbao. Los villorrios asoman entre nubes y manchas de verde oscuro cada vez más frecuentes. El Mar Cantábrico nos espera en lontananza y apenas he comenzado a leer Vasca Cultura de Altura, un libro de nuestro amigo y compañero tertuliano JMª. Le había preguntado hace unas semanas por un libro para ir ambientándome en este viaje a Bilbao y territorios anejos. No recordaba ya que tenía pendiente este Retorno estético a Oteiza e Ibarrola. Nada mejor para abrir boca en este viaje, 206 páginas (no sé los centímetros) de puro repaso vascongado.
Nos recibe una terminal no muy grande pero de puro costillar Calatrava. Una estructura blanca rematada de cristalería. Por los pasillos no veo nada de ese habitual bombardeo de imágenes; el tour de exotismo prefabricado. No, este País todavía no se representa y escenifica de esta manera, lo que es de agradecer. La saturación de imágenes entra por otras vías, pero no hasta el punto de verte en una historia que parece que ya te han contado hasta el final.
La aproximación al sitio donde reservamos la hacemos en guagua, como si fuéramos locales. Bueno, hasta uno que sí que lo era, pero despistado, me preguntaba a mí que dónde estaba no sé qué. --No no, no sé. --Le dije. Y él mirándome raro, como pensando que no quería colaborarle. Y yo con ganas de decirle ¡Que no, chaval, que es mi primera hora de estancia por estas tierras! Nada que ver con el camarero del bar al que entramos mucho más tarde, ya de noche. --¿Podemos coger esta mesa libre? –Le pregunto. –Sí hombre, ¿para qué, para llevártela? Ja ja–No no, le digo que si está libre, ja ja –¡Joder con estos canarios! ¿Qué, acabáis de llegar de las islas? –Sí sí… --Nada, reconocidos a las primeras de cambio. Luego nos enteramos que él había estado trabajando unos años por allí. Le pregunto dónde, y va y me suelta que en Las Galletas. ¡Joder, qué mundo!
Esta gente del vórtice es muy simpática con los foráneos y muy dada a echarse unos chatos en las calles, de tertulia nocturna, y... no sé qué más... porque nos vamos. Ya estamos hechos polvo. Joder, nos levantamos desde las cinco y media.
Mañana más, si es que vuelvo a tener un momento de conexión a la gran red.
lunes, 18 de julio de 2011
Consideraciones en la resaca de una noche de debate
Por fin plenamente integrado al mundanal ruido. Durante el fin de semana tuve un par de breves incursiones en los blogs amigos, haciéndose eco del encuentro del pasado jueves en Librería Cabildo. Parece que la Mesa Redonda G21 ha vuelto a remover conciencias y opiniones. Sin duda, es la mejor carta de presentación de Ánghel Morales, y ahora también un poco nuestra (de JMª y mía, digo), al menos como colaterales y momentáneos. Ya eso me parece un gran triunfo. No creo, Ánghel, que ahora debas meterte a defender tu proyecto a capa y espada porque tus logros son más que evidentes. No, no creo que se trate de eso, de socavar esa apuesta, sino de abundar en las aguas que afortunadamente se removieron (que removiste). Por ahí, quizás, avancemos. Y, Jesús, no te sientas tan desplazado; si hay obra, tendrás tu momento. El proyecto G21 tiene solidez suficiente y avanza, tú lo sabes mejor que nadie, Ánghel, esa es tu función como editor y la sabes cumplir bien (a no ser que te quieras convertir también en crítico literario). Sin embargo, no podemos ser inocentes (hace tiempo que dejamos de serlo) ni desde el punto de vista creativo, ni desde el punto de vista de la reflexión o la crítica. Por mi parte, en la narrativa de Canarias veo muchos valores, pero también encuentro problemas, dudas, interrogantes... no exclusivamente por G21 sino más allá, en relación al conjunto del actual momento narrativo. Ese es un reto que merece la pena abordar.
En cuanto a las 'generaciones' en literatura (me parece que no me expliqué bien en el comentario a la entrada de Jesús), hay toda una discusión teórica que no podemos obviar una vez metidos en estas lides. No se trata de una cuestión anti-G21, nada más alejado de mi intención. Lo que no podemos es dejar de considerarla, porque está ahí. Así de simple. Por último, tampoco creo que esta discusión 'generacional' la vaya a resolver yo ahora, ni mucho menos, pero sí tenerla en cuenta para nuestro propio debate de la historia narrativa de estas islas.
En cuanto a las 'generaciones' en literatura (me parece que no me expliqué bien en el comentario a la entrada de Jesús), hay toda una discusión teórica que no podemos obviar una vez metidos en estas lides. No se trata de una cuestión anti-G21, nada más alejado de mi intención. Lo que no podemos es dejar de considerarla, porque está ahí. Así de simple. Por último, tampoco creo que esta discusión 'generacional' la vaya a resolver yo ahora, ni mucho menos, pero sí tenerla en cuenta para nuestro propio debate de la historia narrativa de estas islas.
sábado, 9 de julio de 2011
Estadio Azteca
Prendido
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.
Apretando los dedos, agarrandomé, dándole mi vida,
a ese para-avalanchas.
Cuando era niño,
y conocí el estadio Azteca,
me quedé duro, me aplastó ver al gigante,
de grande me volvió a pasar lo mismo,
pero ya estaba duro mucho antes...
Dicen que hay,
Dicen que hay,
un mundo de tentaciones,
también hay caramelos
con forma de corazones...
Dicen que hay,
Bueno, malo,
Dicen que hay mas o menos,
Dicen que hay algo que tener,
y no muchos tenemos...
y no muchos tenemos...
Prendido,
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.
"Siempre estuvo iluminada. Fue un momento de inspiración muy especial de Marcelo Scornik, el Cuino, y también de la música. Es una canción que dice mucho más de lo que parece. La letra es misteriosa, no se puede explicar. Cuenta la historia personal de Marcelo pero, a través de él, la de toda la Argentina. Habla del exilio, de la muerte, del fútbol, de los hinchas, de la droga, del corazón que tenemos y que no tenemos. Es una canción muy importante." (entrevista a A. Calamaro)
La primera vez que escuché esta canción (corría el 2007) fue en ese mágnífico directo de "Dos son multitud". Calamaro&Cabrales/Fito&Andrés en un fértil cruce de caminos para el rock en español. Pero entre todas aquellas canciones destaco ésta. Como bien dice el propio Calamaro, la letra es misteriosa y no se puede explicar. Muchos identifican esa historia con la de Maradona, Andrés dice que es la de Marcelo Scornik... Pero lo cierto es que de alguna forma podría contar cosas de la biografía de muchos otros, atrapando una escurridiza manera de entender la vida. Ese es su misterio y su fuerza.
"Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor." (Calamaro, en 'El Regreso')
Recuerdos a una tal SGAE.
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.
Apretando los dedos, agarrandomé, dándole mi vida,
a ese para-avalanchas.
Cuando era niño,
y conocí el estadio Azteca,
me quedé duro, me aplastó ver al gigante,
de grande me volvió a pasar lo mismo,
pero ya estaba duro mucho antes...
Dicen que hay,
Dicen que hay,
un mundo de tentaciones,
también hay caramelos
con forma de corazones...
Dicen que hay,
Bueno, malo,
Dicen que hay mas o menos,
Dicen que hay algo que tener,
y no muchos tenemos...
y no muchos tenemos...
Prendido,
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.
"Siempre estuvo iluminada. Fue un momento de inspiración muy especial de Marcelo Scornik, el Cuino, y también de la música. Es una canción que dice mucho más de lo que parece. La letra es misteriosa, no se puede explicar. Cuenta la historia personal de Marcelo pero, a través de él, la de toda la Argentina. Habla del exilio, de la muerte, del fútbol, de los hinchas, de la droga, del corazón que tenemos y que no tenemos. Es una canción muy importante." (entrevista a A. Calamaro)
La primera vez que escuché esta canción (corría el 2007) fue en ese mágnífico directo de "Dos son multitud". Calamaro&Cabrales/Fito&Andrés en un fértil cruce de caminos para el rock en español. Pero entre todas aquellas canciones destaco ésta. Como bien dice el propio Calamaro, la letra es misteriosa y no se puede explicar. Muchos identifican esa historia con la de Maradona, Andrés dice que es la de Marcelo Scornik... Pero lo cierto es que de alguna forma podría contar cosas de la biografía de muchos otros, atrapando una escurridiza manera de entender la vida. Ese es su misterio y su fuerza.
"Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor." (Calamaro, en 'El Regreso')
Recuerdos a una tal SGAE.
jueves, 7 de julio de 2011
Lecturas y relecturas (iv)
El Flamenco comenzó a contabilizar los palitos y cuando llegaba a doce ponía una coma. Luego continuaba contando a partir de la coma y ponía una estrella o dos estrellas según conviniera al número resultante. En cada una de las otras agrupaciones de palitos hacía lo mismo y, al final, encontró la combinación de estrellas que buscaba.
--Una, dos, una, dos, dos. –Repetía varias veces en una extraña letanía entre dientes para no despistarse. Se fue a la gran cuadrícula y…
--¡Merde! Qu'est-ce que il est passé ici? ¿Qué coño merde había aquí?
--¡Coño! ¡Esto estaba mojado o qué! --Exclamé yo.
-- Ceci n'est pas possible. Este libro es único, y ya se me mojó todo esto. Y la culpa la tengo yo por abrir esto aquí, en cualquier sitio. Me cago en la puta merde esa.
Allí estuvimos secando con servilletas todo lo que se había mojado del cuadro. La tinta se había corrido un poco, pero logramos que no se extendiera más y tomamos mayores medidas de precaución para ver en dónde volverlo a extender. Una vez vuelta la normalidad, lo que costó otro par de cervezas, comenzamos a ver el modo de establecer el punto de conexión entre la fila de la pregunta y la columna de aquella combinación repetida no sé cuántas veces.
--¿Cómo era lo de las estrellitas esas?
--Una, dooss… A ver los papeles essoossss ¡Cojones! Todo por culpa de esa merde.
--Caarma, caarma, que aquí losshs tienes. ¡Jodeel!
--Esso eshss… Una, dossh, una, doss, dosshs. –Luego, su dedo bajando por esa misma columna, y el mío, cruzando de izquierda a derecha por la fila de mi pregunta, se unieron en un mismo punto; en uno de esos recuadros de la gran retícula de figuras simbólicas que componía aquella maltrecha sábana de papel que escondía el libro en sus entrañas.
--¿Qué salió? ¿El arado?
--Sí, sí, creo que eso es un arado. –La emoción del momento comenzó a embargarme. No creí que albergara tantas expectativas en esta consulta, más bien creí que se trataba de mera curiosidad, una manera más de pasar el tiempo de copas… Pero me equivocaba. De pronto sentí ese enorme hueco entre la respiración; esa especie de tensión que sólo crea el despertar de la adrenalina; la espera en alerta disfrazada de pasatiempo y risas.
--Puesshs nada, vamos a vel. –Después de volver a plegar con sumo cuidado el gran cuadro, El Flamenco comenzó a buscar por el resto de páginas de aquél libro hasta que se encontró con las de la figura del arado.
--Eso esh. A ver, a verrl… --El Flamenco recorría lentamente con el índice de la mano izquierda el listado de combinaciones, hasta que…
--Aquí están esas estrellas ¿no? Una, dos, una… y doss, y dosshs. ¿No?
--Sí, sí. Eso esshs.
--Pues esa esshs tu resshs... puesta:
“Se ofrecerán impedimentos que no puedes ni aún soñarlos”.
No sé cuánto segundos pasaron, pero los suficientes como para que aquella nube alcohólica se disipara totalmente. El abismo se abría por momentos a mis pies. El mal agüero de hace unos segundos, confirmado. No sabía bien cómo encajar aquella frase del todo inesperada. Una frase ciertamente inquietante.
--Joderrr, qué respuesta te ha salío.
Silencio, asombro.
Adiós al reposo del inocente ignorante, ‘se ofrecerán impedimentos que ni soñabas’.
--¡Merde! Sí, impedimentoss que ni soñabas, pero no dice nada de qué coño clase de impedimentos; si grandes o pequeños, si salvables o insalvables… Y además, ¿a qué coño clase de empresa te referías, tío? No sé, igual aquí se refiera a alguna que no sea tan importante…
--Sí, ya… es un consuelo, Flamenco. ¡La cuenta, por favor!
--Una, dos, una, dos, dos. –Repetía varias veces en una extraña letanía entre dientes para no despistarse. Se fue a la gran cuadrícula y…
--¡Merde! Qu'est-ce que il est passé ici? ¿Qué coño merde había aquí?
--¡Coño! ¡Esto estaba mojado o qué! --Exclamé yo.
-- Ceci n'est pas possible. Este libro es único, y ya se me mojó todo esto. Y la culpa la tengo yo por abrir esto aquí, en cualquier sitio. Me cago en la puta merde esa.
Allí estuvimos secando con servilletas todo lo que se había mojado del cuadro. La tinta se había corrido un poco, pero logramos que no se extendiera más y tomamos mayores medidas de precaución para ver en dónde volverlo a extender. Una vez vuelta la normalidad, lo que costó otro par de cervezas, comenzamos a ver el modo de establecer el punto de conexión entre la fila de la pregunta y la columna de aquella combinación repetida no sé cuántas veces.
--¿Cómo era lo de las estrellitas esas?
--Una, dooss… A ver los papeles essoossss ¡Cojones! Todo por culpa de esa merde.
--Caarma, caarma, que aquí losshs tienes. ¡Jodeel!
--Esso eshss… Una, dossh, una, doss, dosshs. –Luego, su dedo bajando por esa misma columna, y el mío, cruzando de izquierda a derecha por la fila de mi pregunta, se unieron en un mismo punto; en uno de esos recuadros de la gran retícula de figuras simbólicas que componía aquella maltrecha sábana de papel que escondía el libro en sus entrañas.
--¿Qué salió? ¿El arado?
--Sí, sí, creo que eso es un arado. –La emoción del momento comenzó a embargarme. No creí que albergara tantas expectativas en esta consulta, más bien creí que se trataba de mera curiosidad, una manera más de pasar el tiempo de copas… Pero me equivocaba. De pronto sentí ese enorme hueco entre la respiración; esa especie de tensión que sólo crea el despertar de la adrenalina; la espera en alerta disfrazada de pasatiempo y risas.
--Puesshs nada, vamos a vel. –Después de volver a plegar con sumo cuidado el gran cuadro, El Flamenco comenzó a buscar por el resto de páginas de aquél libro hasta que se encontró con las de la figura del arado.
--Eso esh. A ver, a verrl… --El Flamenco recorría lentamente con el índice de la mano izquierda el listado de combinaciones, hasta que…
--Aquí están esas estrellas ¿no? Una, dos, una… y doss, y dosshs. ¿No?
--Sí, sí. Eso esshs.
--Pues esa esshs tu resshs... puesta:
“Se ofrecerán impedimentos que no puedes ni aún soñarlos”.
No sé cuánto segundos pasaron, pero los suficientes como para que aquella nube alcohólica se disipara totalmente. El abismo se abría por momentos a mis pies. El mal agüero de hace unos segundos, confirmado. No sabía bien cómo encajar aquella frase del todo inesperada. Una frase ciertamente inquietante.
--Joderrr, qué respuesta te ha salío.
Silencio, asombro.
Adiós al reposo del inocente ignorante, ‘se ofrecerán impedimentos que ni soñabas’.
--¡Merde! Sí, impedimentoss que ni soñabas, pero no dice nada de qué coño clase de impedimentos; si grandes o pequeños, si salvables o insalvables… Y además, ¿a qué coño clase de empresa te referías, tío? No sé, igual aquí se refiera a alguna que no sea tan importante…
--Sí, ya… es un consuelo, Flamenco. ¡La cuenta, por favor!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)