sábado, 15 de mayo de 2010

El flash

La verdad es que nunca pensé que la fotografía y la literatura se parecieran tanto. Sólo necesito un flash para que las cosas salgan adelante. Pero si no aprovechas ese impulso, lo más probable es que nunca lo escribas, casi sin segunda oportunidad, como en la fotografía. La otra noche soñé con un cuento intrigante, lleno de fuerza. El cuento se reinterpretaba hasta tres veces desde perspectivas distintas, formando un bucle perfecto y caleidoscópico. Pero notaba cómo las claves se me escapaban a medida que se desarrollaban los argumentos y fui consciente de que o me despertaba en ese momento y me ponía a escribirlo o iba a ser imposible hacerlo después. Así fue, y mi cuento se difuminó en las oscuridades de mi subconsciente. Tal vez algún día vuelva a aflorar de nuevo, pero lo dudo. Tal vez lo haga y yo tampoco me levante a escribirlo. Una vez me incorporaba a la autopista en dirección hacia el norte, a la altura del Hospital Universitario. Era temprano, una mañana extraña con una lluvia muy fina y niebla rastrera bajando desde La Laguna. A pesar de todo, el sol trataba de meter algunos rayos y todo tenía un aura especial. Fue cuando vi una imagen insólita, una bella imagen para ser fotografiada si no fuera por las prisas y porque no llevaba cámara alguna. Las paredes de hormigón mojadas tenían un brillo metálico, más bien toda la atmósfera era metálica, y entre las nieblas un árbol seco, con todas sus ramas peladas, pero donde se habían posado varias decenas de tórtolas. Apenas se divisaban sus detalles, solo el perfil grisáceo que dibujaban, casi como un contraluz. Justo detrás, el lateral de una casa, al pie de cuyos muros habían varias buganvillas espléndidas, frondosas, con flores de colores intensos, naranjas, amarillos y violetas. La composición era de una armonía perfecta y siempre quedó en mi retina de fotógrafo. Pasaba por allí muchos días, y comprobé que la bandada de tórtolas seguía acudiendo a dormir allí todas las noches. Por un tiempo albergué la esperanza de poder sacar aquella fotografía y hasta solía llevar la cámara en mi coche. Las tórtolas no siempre se disponían de la misma forma cada vez, repartiéndose entre las ramas y el muro de las buganvillas. No era lo mismo. Días más tarde, uno de los gajos del árbol terminó por ceder y caerse al suelo, perdiendo su equilibro visual, y otra mañana encontré que el dueño de aquella casa había podado completamente las buganvillas y ya no había flores, ni ramas, y hasta las tórtolas terminaron por dejar de aparecer por allí. Y fui testigo de cómo mi fotografía deseada se descomponía a pedazos y comprendía lo absurdo de preparar la cámara cada mañana, al salir a mi trabajo. Igual que con los textos que escribo, si no me pongo al momento, vuelvo a tener la misma sensación de descomposición, de instante irrepetible. Esta mañana tuve otro flash, mirándose al espejo, como en la cabecera del blog de jramallo. Por fortuna me senté al ordenador… y así salió esta nueva entrega para este bosque que, tras la derrota, trata de volver a la vida... otra vez.

viernes, 14 de mayo de 2010

Otros 'Bosques Quemados'



Este mundo es realmente extraño; indago y, más allá de las noticias de sucesos, encuentro otros bosques quemados. Con éste me identifico, “Una noche en el bosque quemado”, y por eso paso a alojarlo aquí también. Si pudiera lo convertiría en la banda sonora de recibimiento a este blog. Esta herramienta es fantástica, se nota que la acabo de descubrir (bueno, me lo chivó el Kiko). Aunque no debería abusar de ella, si no esto se convertiría en un mero apéndice tematizado de ese magnífico invento que es youtube.

jueves, 13 de mayo de 2010

El Monterrey



Me pide Jesús que ponga una antigua imagen de San Andrés (impresionante), pero antes me topo con un audiovisual sobre este mismo pueblo, que no tiene desperdicio. Lo veo/oigo y me viene a la cabeza el Monterrey de Ferni, con su sincretismo de Caribe isleño. Si miras atentamente a los estantes de las botellas, a los expositores y hasta al grifo de la cerveza, encontrarás detalles totalmente personales. Lástima que ya no esté el altar de María Lionza y la Reina del Mar, entre números de lotería y botellas de Chivas y Johnnie Walker con más de 12 años. Lugar de ron-roneo sin par, siempre abastecido de Aldea. Una noche después de fijarme en la colección de naifes canarios de la esquina y que Ferni nos enseñara su florete cuya hoja procedía de un pez espada cogido por aquí, le dije a Jesús: «Joder, este lugar es de carne y hueso a donde quiera que mires. No hay nada de cartón piedra. Todo es real, con su pequeña o gran historia detrás».

miércoles, 12 de mayo de 2010

Putas gallinas

Esta mañana llovía en La Laguna. Llevaba a mis hijas al colegio en medio de la marabunta de vehículos ocupados en llegar cuanto antes a sus destinos. En la autopista voy detrás de un camión de gallinas, cientos y cientos de pequeñas jaulas de plástico, apiladas hasta lo más arriba para aprovechar el viaje. Llovía y pensé «Pobres gallinas, mal día para viajar así, casi a descubierto». En eso pensaba cuando me desvío hacia la rotonda del Padre Anchieta, todavía en paralelo a la autopista. Al hacerlo nos quedamos a la par con la carga de gallinas, pero, según avanzaba por este carril, nos íbamos quedando cada vez más altos con respecto al camión, hasta ver la parte alta de la montaña cúbica de jaulas. «¡Mira, una gallina!» grita mi hija. «¿Una, serán mil y una?» pienso. Miro de nuevo y veo que una de las jaulas de arriba se había abierto y una de las gallinas se había salido fuera. A duras penas se agarraba con sus patas para no ser llevada por los aires y soportando como podía aquella fina lluvia lagunera. Y pienso en que todos vamos igual de enjaulados por esta vida, como gallinas al matadero. Sin saberlo. Y pobre de aquél que se eche fuera de su jaula para embriagarse de una falsa libertad; tullidos como estamos de tanto tiempo enjaulados; ateridos por los fríos nubarrones que se ciernen en la distancia; amordazados por la autocomplacencia y nuestros pequeños cálculos de ombligo; esperando que este camión nos conduzca, sin más, a dulces granjas donde disfrutar mejores días. ¡Qué ilusión!

domingo, 9 de mayo de 2010

Chaxiraxi (Ombligos Culturales-VII)

El comentario de Jesús a la anterior entrada me recuerda que La imagen de Chaxiraxi también está por hacer. El asunto es serio. No sé en qué han estado pensando estos nacionalistas (¿culturales? ¿políticos?) de pacotilla. Con sus asunciones de nacionalismo de izquierda, algo imposible por contradictorio (JMª y yo ya hemos discutido algo de eso y estamos de acuerdo), todavía no se han dado cuenta de que si hay algo para dar solidez a sus planteamientos eso es la religión. Nacionalismo, fe, religión, vísceras, patrias, banderas, sangre… ¡qué más da! Chaxiraxi al poder. Algo de eso aparece en la novela de Javier Hernández, La identidad fragmentada, pero la historia "real" es mucho más fuerte, más profunda, más sugerente. Un pozo simbólico de donde beber cantidades a raudales. Pero no, ni una sola representación de Chaxiraxi (tan distinta) he visto nunca para llevársela a casa o al salpicadero del coche por un módico precio. Sí las hay, a millones, de la imagen actual, la popular morenita, pero devaluada de raigambre ancestral. Y la gente (el populum) es muy devota en eso, pero nunca se han preocupado de rescatar a la diosa primitiva, a la que sí adoraron los guanches, con su energía antigua, sostenedora del universo, fuego primigenio y trascendente que representa su candela, luz de vida y clarividencia... Si hay una explicación para que el nacionalismo canario no arraigara aquí masivamente desde el XIX, creo que también puede estar relacionada con esto mismo. Y la desaparición física de la propia imagen en el huracán del 7 de noviembre de 1826, algo tuvo que ver en eso. Justo al tiempo en que el volksgeist alemán se fraguaba. No hay nada más hondo y arrebatador, original y originario, oriundo, vernáculo, indígena… al mismo tiempo que actual y contemporáneo, vívido y vivido. Sólo hay que tender un puente simbólico en el reverso de lo católico. Los tiempos están para eso, así lo entendí cuando ayer me encontré con semejante caterva imaginaria. O quizás… todo ha sido un mal sueño. ¿Un sueño cultural o político?… Tampoco lo sé. De momento, prefiero el sueño futbolero del Tete, igual de imposible, igual de arrebatador, igual de ombliguista.