jueves, 17 de marzo de 2011

Un libro


Me llega la noticia. Más de un centenar de cartas componen la relación epistolar entre Millares y Westerdahl, publicada ahora bajo el título El artista y el crítico (en la colección Blow Up Libros Únicos de La Fábrica Editorial). Uf, un libro que se me antoja imprescindible para entender una época; las fecundas décadas (a pesar de todo) de los 50 y los 60 del pasado siglo (correspondencia 1950-1969 es el subtítulo), con las nuevas generaciones artísticas de estos pedazos de tierra atlántica (Planas de Poesía, Grupo El Paso, Grupo ZAJ y demás), continuando la labor de vanguardia creativa de los surrealistas de Gaceta de Arte. Westerdahl, siempre como nexo necesario y privilegiado de continuidad. Y Millares, la pintura local que supo encontrar el camino de la universal. Manolo Millares, el pintor de las arpilleras, de la abstracción, de los homúnculos, antropofaunas y neardenthalios... El hombre impactado por los 'aborígenes' del Museo Canario, el existencialismo transmutado en momia mancillada por el devenir histórico y viceversa; el ritual, el exterminio y el arqueoexpolio. La muerte como designio de una época y como metáfora plástica del 'ser'.

***

Al desplumado sanandresino: los pelos de conejo son ideales para pintar aguadas orientales, a ver cuándo continúas esa ardua tarea que dejaste a medio terminar a la sombra del volcán.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Atlantic City



(...)
Todo muere, nena, eso es un hecho
Pero tal vez todo lo que muere algún día vuelva
Ponte el maquillaje, arréglate lindo el cabello
Y nos vemos esta noche en Atlantic City

(...)
Everything dies, baby, that's a fact
But maybe everything that dies someday comes back
Put your makeup on, fix your hair up pretty
And meet me tonight in Atlantic City

(estribillo, B. Springsteen / trad. mía)

martes, 15 de marzo de 2011

Otra vez será

Hoy enciendo esta ventana al eterno retorno, cansado ya de este camino polvoriento que atraviesa esa nube de árboles calcinados. Me recuerda a La Carretera, no la de Kerouac sino la de McCarthy, hasta poco me cuesta imaginar al padre y al hijo empujando trabajosamente por alli el carrito de mercamobile, mientras acechan las miradas hambrientas de carne fresca. Me voy a Mi lista de blogs y visito Y así sin mas... donde tenía un comentario pendiente que ver. Luego miro el resto de enlaces 'chivatos' y veo que no hay novedades por el momento. La flor y la mierda sigue mojada y nada hay de un sueño prometido, un sueño viajero desde tierras navarricas, como tampoco hubo hace unos días un comentario del lagarto de dos rabos sobre un escritor de barrio. Esto me recordó la lección de Chéjov sobre el 'buen' escribir y que me contaba el otro día la serpiente emplumada: "si quieres ser universal, escribe de tu barrio". A eso me refería yo también en Tijuana cuando hablábamos de lo global y lo local (no dio tiempo a explicar mucho). Al final, uno siempre termina siendo local, decía, porque es así como son nuestras vidas, siempre asentadas en un 'lugar' y un 'vecindario'. Pero no dejemos que eso nos determine completamente por conocido y cercano, no seamos tan cicateros en la mirada, sabiendo entender que lo uno está formando parte de un todo y solo que lo conocido en profundidad es auténtico y común a todos. Ahí está su grandeza. Los escenarios son necesariamente locales, pero no son ellos un fin en sí mismos sino siempre un medio de verosimilitud para historiar vidas y miradas que van mucho más allá. Hay quien piensa, sin embargo, que por hablar de determinados lugares (siempre afectados por jerarquías y poderes que engendran sus poderosos prestigios y desprestigios) ya se es más o menos universal, y se equivocan. Como se equivocan los que sólo se contentan con sus meros particularismos ombliguistas y creen haber encontrado en ellos la esencia de la felicidad, la plenitud moral del ser.

Y esta tarde no me esperen por Tijuana, otros deberes me lo impiden. Saluten al recién capitaten y demás tripulaten, la próxima tal vez.

sábado, 12 de marzo de 2011

Sueños del maur

Llegó la alfombra mágica mientras el comunismo le decía al oído, ¡lengua, lengua es lo que te falta a ti! El anarcosíndico, ¡oooh! se estrujaba las sienes hasta partirse en dos cachos, entre la rabia y el desvarío. ¡Pero cómo te atreves, lengua vil! Todo lo que me has pedido te lo he ofrecido gustoso y hoy que te pido un lugar donde pasar estos tristes días, me tratas con tal desapego y misericordia que me dan náuseas. ¡Calla, perro! no oses morder la mano que te da de comer. Tal vez tengas razón, pero no olvides que hasta un felpudo tiene más valor que tú, que ya no estás ni para hacer servicio alguno. Sólo eres escoria de la que hasta jode desembarazarse para evitar tener que cargarla sobre las costillas. Qué vida triste pesa sobre mis hombros... Sí, aprovéchate. Mañana será otro día, con otro resplandor el que ilumine esta afrenta, quizás sean otras las personas que acudan a mi encuentro, quizás sean otros los derroteros que me salven de la desdicha. Quizás, ni seas tú el que esté allí.
...Y la disputa tenía un sabor extraño, de pesadilla que se repite sin descanso, y a la que se añadía una textura repugnante y áspera, como si de cuero de marrajo se tratase y se me hubiera metido una ventrecha suya en la boca para darle vueltas y vueltas, y entretener la ansiedad del momento. Las imágenes, sin embargo, eran vagas y descoloridas entre las voces, deformándose a cada rato como las cosas que vemos desde un ojo de pámpano mezclado con el de un cherne sahariano. Mirada de peje de fondo anclado en la luminosa superficie, mientras las protuberancias caminan por debajo de las aguas, con sus reflejos y emplastes; fabricándose monstruos y jardineras de clavellinas.
Cosa seria, la de anoche, me repito al despertar.

Esta mañana dos tipos entran en el solar de la trastienda de mi casa. No es la primera vez que sucede. Allí quedan, entre la maleza, algunos restos de materiales de construcción. Esta vez rompen el techo remendado de un viejo contenedor, de allí saltan varios puntales amarillos. El estruendo es tal que llama mi atención cuando hacía no sé qué en la cocina y me asomo a la ventana. No veo bien y subo a la del piso de arriba. Vuelan varios puntales más mientras el compinche acarrea presuroso los que puede. Sale el otro de adentro y redoblan el esfuerzo transportador. Son ágiles y en cinco minutos dan por terminada la escaramuza. Dejan atrás un cierto reguero de piezas sueltas al pie del contenedor. Eran las doce y a cara descubierta, el seat trans esperaba más arriba, al borde de la acera. Sin problemas, un ejercicio burdo pero sorpresivo y rápido.
Yo me quedo mirando aquel desconcierto de tubos metálicos y pienso en mi apuntalada vida, en cómo echo en falta aún más puntales y sin saber lo cerca que los tenemos a veces, y lo fácil que puede resultar el cogerlos y llevárselos en un momento dado. Sí, ya sé que no son éstos los apuntalamientos que necesito, pero la imagen resultó reveladora.

viernes, 11 de marzo de 2011

Aniversarios

Décimo aniversario de la supresión de la mili en España. Vigesimoquinto del NO de Canarias a la OTAN. Algunos colectivos antimilitaristas hasta lo celebran. Para mi no es fecha de celebraciones porque visto lo visto me hablan de una derrota. Muchos de los que participábamos en ese movimiento no lo hacíamos como antimili per se, sino con el ánimo final de construir una vía para el fin de los ejércitos, del comercio armamentístico, de los miedos y de los odios que los alimenta. Obviamente nada o muy poco de eso se consiguió, aunque sí un gran debate social sobre el militarismo, el reclutamiento universal y obligatorio o sobre la propia legitimidad de la objeción de conciencia frente a los dictámenes de los gobiernos. Los años han pasado y todavía sigo reconociéndome como antimilitarista, todavía sigo pensando que la guerra jamás será una solución para los conflictos. La guerra es sólo expresión de la frustración, de la obcecación, de la ambición y demás. La guerra seguirá formando parte de la infancia de la humanidad, de esa expresión maniquea de buenos y malos, de la total hegemonía de la fuerza bruta, de la inteligencia dirigida a la aniquilación, de la total impunidad y conquista. La guerra es el atajo de todos los atajos, la solución 'fácil', la incapacidad del tener en cuenta, la masa soliviantada y enardecida, la invención de patrias y banderas, la gran mentira del otro y del nosotros. La guerra es el esfuerzo vano, la imposición, el rodillo que aplasta y uniformiza, la simplicidad de lo homogéneo y unívoco.
Que algunos apelen a la naturaleza humana o a la insondable maldad humana para justificarla, es algo que no puedo comprender ni apoyar. En la guerra todos perdemos algo, todo es horror y barbarie, el triunfo de la neurosis y la anomia social.
Naturalmente que acudiré a la guerra el día que irremediablemente me vea abocado a ella; el asunto no es ese sino que está en que nunca se inicie.

Ayer vi a una de las griegas por fuera de Atlantic City cuando iba rumbo al García Sanabria. Fumaba distraidamente cuando pasaba yo, motorizado, por delante. Morena floreciente, sensual el ademán y de traje azulmarino uniformado. Ya no recuerdo bien cuántos centímetros por debajo o por encima de... Por un momento creí que se interesaba por los tertulianos de los martes noche. --¿Qué les sucedió el pasado martes? Que no vinieron-- Creo que le comentaba a la camarera al acercarle el cenicero.