viernes, 15 de abril de 2011
Breviarios...(IV)
jueves, 14 de abril de 2011
Rembétika
Muchos han encontrado similitudes con otras músicas ‘de raiz’, como el tango, flamenco, blues, fado… ritmos todos ellos de origen marginal, que beben de la sabiduría popular en contextos de una vida dura en barrios bajos; ritmos todos ellos donde la voz (las letras/lo narrado) y el baile (lo corporal/coreográfico) tienen marcado protagonismo; ritmos todos ellos para la performance de sus propias vidas cuya fuerza dramática es convertida en un acto de catarsis casi en el pleno sentido de la poética aristotélica.
Sotiria Leonardou ¡impresionante! canta “Kaigomai”, que es una de las más conocidas canciones rembétika, pues formaba parte de las canciones de la película "Rembetiko", de Kostas Ferris (1983). Esa película trataba de contar la propia historia de este género musical a través de la historia real de la cantante Marika Ninou. La película recibió el Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín de ese año y tuvo mucho éxito en Europa y festivales de cine internacionales. La banda sonora de esta película es todavía considerada una de las mejores bandas sonoras griegas.
Por ahí conseguí la traducción de esta portentosa canción:
Cada vez que nace una persona
nace un dolor
y cuando la guerra recrudece
la sangre no se puede medir
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Juré por tus ojos,
que para mí eran sagrados,
que la puñalada que me diste
la convertiría en risa para ti.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
Pero tú allí, en lo más
hondo del infierno...
rompe la cadena...
y arrástrame hasta allí contigo,
yo te bendeciré.
Me quemo, me estoy quemando,
¡échale más leña al fuego!
Me ahogo, me estoy ahogando,
¡arrójame a lo más profundo del mar!
(…)
¿Serán griegas como ésta las que esperamos encontrar en Atlantic City? Seguro que sí.
miércoles, 13 de abril de 2011
Un cuervo en mi ventana
--No no, yo no vi nada. Hablando como siempre. A la espera de alguna cariátide perdida por Atlantic City, pero nada. Como dice Campanilla, ellas ya lo saben y se esconden.
Tendré que continuar, pues, con mis entradillas musicales, a ver si es verdad que la música seduce a las fieras. Lo que si vi esta tarde es uno de aquellos capítulos maravilla de "Historias para no dormir", con Chicho Ibáñez Serrador. Concretamente El Cuervo, con texto original de Luis Peñafiel, y como protagonistas principales a Rafael Navarro, Luis Peña, Paloma Valdes, Nelida Quiroga y Javier Loyola. Todo viene por la noticia que Fresnadillo va a rodar una nueva versión de esta historia basada en Edgar Alan Poe. No sé cómo la va a enfocar él, pero sí recordaba algo de nuestra versión televisiva y quise refrescarme la memoria. Sé que a la serpiente le gustará especialmente verla de nuevo. Bueno, en la de Chicho Ibáñez, se narra una pequeña biografía de Edgar Alan Poe en torno a ese famoso poema, comenzando la historia por el momento del reconocimiento de su cadáver en la morgue del Washington Hospital de Baltimore, en 1849. Es el reverendo Rufus Crisbul quien la hace, reconociendo además su rivalidad personal y literaria con el fallecido Poe. Cuando tras la identificación el doctor le pide al reverendo los datos para el registro de su muerte, éste le va diciendo nombre, apellidos, edad, estado civil... pero al llegar a la pregunta de su profesión, éste le contesta:
--practicaba la egolatría. Envidiaba a todo el mundo.
--Le he preguntado por su profesión.
--De ella le estoy hablando. Además, cuando esas ocupaciones se lo permitían, se dedicaba a escribir. ¿Cómo murió?
--Lo encontraron tirado en una calle y nos lo trajeron. Cuando volvió en sí fue para caer en un ataque de delirium tremens del que no salió hasta su muerte. Hubo que atarle a su cama. Aullaba de terror creyendo ver seres deformes y extraños que le perseguían, fantasmas, cadáveres insepultos, monstruos... Una víctima del alcohol.
--Y de sí mismo. Yo le conocí en Filadelfia, donde dirigía el Graham's Magazine.
...Y, dicho sea de paso (esto lo digo yo), cuyo cargo no le importó sutituir para dejar al pobre Poe en la calle. La curia y su doble moral de siempre.
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Así es, en el primer aniversario de este blog, y el cuervo diciendo ¡Nunca más!... ¡Nunca más!...
domingo, 10 de abril de 2011
Entre palo y palo
viernes, 8 de abril de 2011
Suyo para siempre, mi ardiente Passiflora
¡Échate un palo! ...me susurraban al oído Passiflora, Barbadina y Pasionaria. Con otros nombres las conocen algunos: Granadina, Maracuyá ,Manzana Liana, Parchita... Un sinfin de nombres más le darán por ahí a esos delicados seres de las frondas del trópico.La pulpa de su fruto, amigo mío, es tan aromática, refrescante y de explosivo sabor cítrico, que perderás tino y propósito hasta no saciar apetito. Pues es comestible, aunque ácida en demasía cuando no está muy madura y llena de cientos de semillas cuyos pequeños envoltorios carnosos conservan el ansiado líquido. Es por ello que se deba exprimir con suma paciencia y cuidado. Y es que a pesar de que se la pueda tomar directamente cruda o en su jugo, a Passiflora generalmente se la usa para confitería y brebajes varios de coctelería o mistelas.
¡Échate un palo, Ramón! ...me decía Barbadina, planta rastrera pero trepadora, que en un descuido sabe enredarse en los cuerpos vecinos para mayor esbeltez y enaltecimiento de su belleza, pero en abrazo tan fiel que a duras penas se desata.
¡Échate un palo, Herar! ...me decía Pasionaria, que con la concha de mi fruto se confecciona un dulce en almíbar muy particular.
¡Échate un palo, Cuervo! ...me decía Parchita, que con el producto de mi tierna flor podrás hacer infusión que calme tus ansiedades e insomnios. Y si no es así, hazte cataplasma que cure tus heridas y quemaduras. Y si tampoco es así, prepara vapor que te libere de cualquier dolor de cabeza que te aqueje.
¡Y del aguardiente, qué! ...les decía yo, timorato.
Bah ...me contestaban, eso es solo el complemento a nuestras esencias, que te alegrará el alma y el vientre, mientras nuestra labor termina el cuidado que te promete.
Está bien, está bien ...les contesté yo. Y así me dejo llevar, en esta dulce noche, por el cálido ronroneo, recordando desde la lejanía aquellos tiempos del Llano y la Sierra, entre La Guajira y Valledupar.