jueves, 6 de octubre de 2011

Fregaduras y otros asuntos

La primera parte de esta historia ya está mas o menos contada en un par de entradas del Consentido y mías. No quiero incidir más en eso. Ahora es otra parte la que me interesa, la del flujo constante, el enredo cotidiano y virtual de dimes y diretes. Aquí una muestra con cierto glamour.

--Gracias ramon.el editor ya recibio la novela.dijo que esta muy bien corregida.esta a la espera de recibir tu foto para iniciar la maquetación.un abrazo.
--Bueno, esta bien. Yo sigo buscando escena, atrezo y actores.
--Mira ramon, no te compliques. Si no, ya buscamos otra solucion.
--Antonio, no me toques los chirimbolos. Ya te dije lo q tengo pensado y asi saldra. No ves q los ingredientes llevan su tiempo conseguirlos o que? Calma esa ansiedad, pol dios!!
--Chito, conseguí unos corazones magníficos en Solo Cochino, pero joder, me lo venden todo junto. Toda la asadura completa (higado, pancreas, pulmones... hasta la lengua y tráquea van incluidas, toda una lección de anatomía)
--Y hay mucha sangre?
--Si, algo habrá, en los intersticios. Unos corazones esplendidos. ¿Donde hay un chino en S/C? Necesito botes más grandes, los q tengo son pocos y cortos.
--Era guapa y alegre la puertorriqueña esa, eh?
--Sí, te la camelaste desde el comienzo, contándole para qué queríamos los botes, como si fuera una ocurrencia del momento. Qué cabrón estás hecho!
--Nada hay como decir la verdad. Nadie te creerá.
--Y ahora como hago yo pa meter todas estas fregaduras a camino. Tendre que bajar por tu casa.
--Descuartizador de las Mantecas, te dejaste aki tijera y cuchillo. Menos mal, la s no corre peligro. Buenas fotos, viejo, y saludos.
--Foto hecha en camino del bosque de la maravilla. Ahora seguimos al Pijaral, territorio de la tabaiba gigante y de los helechos transparentes. Otra maravilla nos aguarda. Salu, viejo.
--Ya terminamos, bajamos por el bar de Santana. Comemos alli.
--Ok. Me pego antes baño en el mar, pa abrir apetito.
--Estamos en terraza del portugués, Gran Avenida de los Laureles Secos.
--Bueno Antonio, aquí tienes una selección de las imágenes. Son fotos en bruto, es decir, tal cual las captó la cámara, sin trabajar aún. De todas ellas tendrás que elegir la composición que más te guste para la portada. Un abrazo y ya me cuentas.
--Muchas gracias.espero elegir bien.un abrazo.
--Despues de mucho deliberar mi hermano y yo... elegimos la nº 70
--Pues nada, esa trabajo.
--Antonio, la foto ya esta. Ahora me tienes que decir en que formato la quiere el editor. Dile q la tengo en tif, pero se la puedo pasar a jpg. Consultalo y ya me cuentas.
--El dice q en tif mejor.
--Pero es q así pesa un montón.
--Pues q la pases a jpg a 300 ppp.
--Foto enviada. Abel ya me contesto q la había recibido. De todas formas, si quieres te aseguras. Un abrazo
--Gracias ramon.todo ok. Ahora toca esperar
--¡¡Vamos tete!!
--Cuando juega?
--Ya jugo, tolete, y gano 3-0 ¿Donde andas?
--Estoy Sain Andrius, Orlando murió.
Que! Coño, no avisas! ¿Cuando el entierro?
--Mañana a las 11
--Qué va, no puedo. Me acerco ahora un momento. Esta tarde ya tengo q irme pal sur.
--Charlin, mañana entierro de Orlando Cova, la placa supongo q vendra despues.
--¡Qué me dices! Pero es q estaba malo o que?
--Si, llevaba un tiempo ingresado. El higado no aguanto mas.
--Foto de la rata, lista. Como fue todo con lo de Cova?
--Bien, mucha gente, y anoche con los hermanos y G. Esa foto sera para el bar de la ignominia, no?
--Sí, una rata de monte, bien armada de afiladas garras.
--Estupendo, ya me enseñaras otro dia.

Y el flujo y reflujo continúa por las ondas. Mientras, una columna de nube remonta extrañamente peinada por el viento hasta las alturas. Justo detrás de la casa verde. Como un remordimiento que aguarda.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Que se me pegue la lengua del paladar

¡La vida no es literatura!, me dice Germán el otro día en el bar de Dionisio, cuando volvía de conseguir un hermoso medregal (kilo y medio pesó el cabrón). Yo iba pensando en caldos nutricios, en filetes a la plancha con un buen mojo colorao a lo pobre, sin ajos, ni tanta mierda moderna (cocinero, dedícate a cocinar). Germán se reía y me contaba novedades de unos y otros, gentes del pueblo, amigos comunes. Y cómo lo contaba, el hijoputa, sin dejar títere con cabeza, y con qué ritmo y expresión. Cómo pasar todo eso al texto, imposible. No, Germán, la vida no es literatura, tienes razón. La literatura no te da tregua, no hay margen para el aburrimiento. En la vida sí; para el aburrimiento, la desidia y la pesadez, pero eso en la literatura es un pecado mortal. La literatura es una machacadora, chack, chack, chack... Allí no debe faltar ni sobrar nada; fuera el pajullo, fuera el delirio mental onanista, sólo la hierba fresca y jugosa, recién cortada por una implacable guadaña de filo bien afilado. Algo que nutra bien y sacie nuestra sed de leer de verdad, nuestra sed de vida.
La vida, amigo, tiene su peso, pensaba yo el otro día después de tanto sepelio seguido que llevo últimamente. Nada de lo que hagas es gratuito ni pasará inadvertido. Para ellos, para ellas, para tí... La vida, amigo mío, tiene cuerpo de hipopótamo, que a veces flota grácil en las aguas y otras avanza grave y torpemente fuera de líquido alguno. La vida, amigo mío, tiene un peso hondo y telúrico que nos lleva por caminos insospechados.
El domingo, viaje sorpresa a St. Andrews; aquél parnaso está de luto por Orlando Cova. El jueves anterior viaje relámpago a la isla de la maldición, una prima que recientemente había ido a visitar su convalescencia, también nos dejó.
Me asomo a ver la cara de la muerte en Orlando. Es curioso, hace tan solo unos años esto no lo hubiera hecho, pero ya la muerte comienza a serme familiar, ya no me asusta verla cara a cara. Pues no son ellos los que están, sino su extraña apariencia deformante, la de su frialdad.
Antes de acercarnos a despedirme de Orlando, garabateo en una servilleta del Monterrey. ¡Ya estás como Chanito apuntando cosas en las servilletas! me dice Jesús. Como Chanito y como tú, le contesto.

Chito, dónde vas a ir ahora
Déjame ir por la mar
a ver dónde voy a parar

Que en tu pecho ese lunar
reposa
haciéndome pensar
cualquier cosa

En el dulce perfil
de la niña del bosque
¡Ay, qué vergüenza!, dijo,
después de sentir
el carboncillo rozar
cadera y entrepierna

Cuando avanzo entre las nubes, en esta guagua aérea de Islas, pienso que muertos ya todos mis tíos por parte paterna (y eran siete), ahora le toca a mis primos. Entierro de una prima, una prima a la que por mucho tiempo consideré tía, y a sus hijos como primos, tal era la diferencia de edad (85 años tenía ahora cuando murió y más de diez años me llevan sus hijos). Luego me dijeron que no, que yo, en realidad, era tío de los que consideraba primos y que prima era a quien tomaba por tía. En fin, líos parentales aparte, aquellos sentimientos infantiles y el trato y el cariño continuaron igual hasta ahora. Triste e inesperada despedida, pues.
Durante el sepelio en la iglesia de Tazacorte, descubro una nueva imagen de San Miguel luchando contra el diablo, una bella talla de madera policromada. Seguramente entré aquí algunas veces de chiquillo, pero nunca había reparado como ahora en esta imagen, pues me retrotrae a la visita de hace unas semanas, donde al fin conocí la tan celebrada fiesta del diablo en Tijarafe.
Cada vez que vengo a esta isla es inevitable viajar también al origen, al tiempo en que empezó todo. Al origen familiar, sí, pero también a algo mucho más difuso y arrebatador; a las imágenes y emociones de los primeros años de vida. Recuerdo que viví aquí un año, en casa de mi abuela materna en El Cardón, cuando apenas contaba con dos o tres años. Una casa entre platanales, a medio camino entre los Llanos de Aridane y territorio bagañete.

'Que se me pegue la lengua del paladar si no me acuerdo de ti' rezaba el estribillo de la canción durante la misa de mi prima. La cantaba uno en plan cantautor con guitarra, cual Labordeta, y me pareció vibrante y reveladora. Sí, cada uno tiene sus muertos y su memoria. Pero en la canción se hablaba de Sión, y no acertaba a entender qué hacía un canto judío en una iglesia católica de Tazacorte, en medio de un sepelio cristiano. Quizás, haya que revisar muchas cosas de la presencia judía en Canarias (o al menos en La Palma, isla cuyo patrono es San Miguel, defensor de los judíos), algo que a cierta asociación de la que soy 'testigo', le gustaría sobremanera. Luego me entero, en internete, que esa letra corresponde al salmo 136, intitulado "Junto a los canales de Babilonia". Allá va:

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión».

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Señor, toma cuentas a los Idumeos
del día de Jerusalén,
cuando se incitaban: «Arrasadla,
arrasadla hasta el cimiento».

Capital de Babilonia, ¡criminal!
¡Quién pudiera pagarte los males
que nos has hecho!
¡Quién pudiera agarrar y estrellar
tus niños contra las peñas!]

Creo que las últimas estrofas las omitió el políticamente correcto, cantante y cristiano. Pero allí estuvo él, dándonos entonado testimonio de Sión y de la importancia de la memoria. Que se me pegue, pues, la lengua del paladar si no me acuerdo de ti, en tus días de no más volver.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El ser y el pixel


¡Apareció! Al final apareció la foto que saqué el otro día con el móvil. Nada del otro mundo, pero siempre te encuentras sorpresas. Cuando la saqué estaba convencido que no había nadie allí; había tenido que esperar unos segundos hasta que un estudiante, que de seguro iba a continuar afanándose en la biblioteca, desapareciera del encuadre. Hoy, cuando veo la foto de nuevo, me encuentro con una inesperada y enigmática figura en la esquina inferior izquierda. No acierto a saber si es él o ella, más bien lo segundo, pero, sin duda, ha añadido un nuevo punto de interés a la imagen: el 'ser' ante la corrupción del 'pixel'.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El arte del pixel

Ayer, cuando íbamos de camino al SILA para ver al triunvirato J. Goytisolo, A. Sánchez Robayna y A. Glez. Jerez, saqué esta foto. Recordaba la conversación con Ramallo el otro día, cuando hablábamos de la exposición de Isabelle Pozzi en El Corte Inglés y de toda aquella teorización del trampantojo (trompe-l’oeil, como decía el presentador) y la pixelización en el arte. Cientos de pequeñas fotografías, a modo de pixeles, componían finalmente una imagen mayor, perfectamente observable desde cierta distancia. La idea no está mal como metáfora de la biografía de las personas; toda esa serie de yoes instantáneos para recomponer el retrato de una vida. Sí, me gusta, una idea para explorar. Sin embargo, nada de eso veo en las fotos de Pozzi. Todas sus imágenes son de personajes u objetos famosos de probado glamur mediático: actores y actrices como Paul Newman, Marilyn Monroe, Charles Chaplin; Banderas como la Union Yack o la del Tío Sam; políticos como Nelson Mandela o John Fitzgerald Kennedy… Imágenes fácilmente identificables, fácilmente consumibles.
El formato y temática de las imágenes me hace pensar más en decoración que en arte. No hay ningún afán creativo, ni de reflexión biográfica de las personas, sino una depurada técnica de tratamiento fotográfico a la búsqueda de clichés del imaginario de la cultura de masas, con un cierto ‘estilo’ para el consumo chic de una clase media y alta. Imágenes ya sin alma, producto de la estandarización y la reproducción infinita, pura esteticidad vacía.
Por otro lado, el fenómeno de la pixelización, que es producto de la descomposición de la imagen, aquí se muestra invertido, es decir, al servicio de la recomposición interesada, mostrando imágenes finales perfectamente nítidas, que es la propia negación de la pixelización. Cuando Salvador Dalí llevó a cabo aquel famoso cuadro con la cara de Lincoln, sí jugó a la pixelización, sin que todavía existiera el menor asomo de la moderna digitalización de las imágenes, sólo exploraba el universo de las novedosas teorías científicas de la composición de la imagen de aquel momento y la manera de ver que tiene el ojo humano. Nada de Photoshop, nada de ordenador ni televisión tdt.
Y a eso iba, al tdt. Ramallo comentaba que eso era el lateral del TEA que da al barranco, pura pixelización. Y es cierto, pero no en el sentido del acercamiento brutal a la imagen hasta hacer muy visibles los pequeños pixeles que la componen. No, más bien creo que se trata de la corrupción de la imagen, de los restos del naufragio de información pixélica, producto de la putrefacción del archivo digital. Algo así como esos fallos de trasmisión televisiva, esos instantes de suma interferencia, que se nos aparecen en nuestro televisor con esos extraños barridos de colores. Colores puros que terminan por formar pequeños puntitos discontinuos; el rastro arbitrario y fantasmagórico de una imagen.

(Disculpen, pero mi ordenador (tigre)
y mi móvil (serpiente), se han peleado.
Durante la transmisión de datos por
USB debió pasar algo extraño y he
perdido la imagen de la fachada
barranquera del TEA. Tuve que reiniciar
el sistema y el arranque se había
quedado jodido. Menos mal que él
solo se recompuso. Pero ahora el
archivo ya no está ni en un lado
ni en el otro. ¿?)

Menos mal que todavía conservo la foto irremplazable
que le saqué a Jesús en el guachinche del Coromoto,
con Franco de fondo en la pared. Pero eso será materia
para otra entrada a este blog si resuelvo las
desavenencias entre mi cacharrería digital. Espero que mi
ángel de la guarda me proteja esta vez.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Hormigueos de cuervo atigrado

El tigre y la serpiente no se llevan muy bien, me dice un experto gurú oriental. No sé si hacerle caso, pues no entiendo una papa de esas cuestiones. Tampoco sé si soy tigre, cabra, rata, mono o serpiente. Problemas filosóficos del ser aparte, cada libro o web que consulte, me ofrece un animal distinto. Ahora bien, sí sé que no hay pájaro volador alguno en el horóscopo chino, solo, y como excepción presente en toda regla que se precie, el dragón es volador, a pesar de que también tenga patas con las que poder andar.
Como córvido que sí soy, no me ofrece mucha confianza los designios de un horóscopo así, tan terrícola y discriminador de la animalia voladora. Sin embargo, de los chinos ya sabemos que les gusta mantener los pies en el suelo, pragmáticos y disciplinados hasta en su vertiginoso capitalismo. No es de extrañar, pues, que los caracteres humanos los hayan visto bien representados en esa panoplia zoológica.

No sé, se acerca el invierno y eso parece que lo saben bien las hormigas de por aquí. Así están ellas últimamente de hiperactivas y frenéticas, como intentando aprovechar al máximo las últimas oportunidades de almacenar algo para los tiempos duros que se avecinan. Su histeria colectiva ha llegado hasta el punto de invadir buena parte de mi casa, y cada vez que me siento a trabajar en este ordenador, veo cómo se me suben a las canillas, aprovechándose de mi poca movilidad. La obsesión, que ya tengo, hace que continuamente imagine como reales otros recorridos y picores de estos bichos por todo el cuerpo. Hace un rato, sin más, estaba convencido que me había entrado una al oído. Joder, me acordé de aquel explorador británico que trataba de encontrar las fuentes del Nilo y que, sin darse cuenta, una noche montaron el campamento sobre un hormiguero. A la mañana siguiente se despertó con miles de hormigas soldado por todo su cuerpo intentando defender con mandíbulas su territorio. Las del cuerpo no importaban porque podía sacudírselas fácilmente, pero no así las que estaban en el interior de su oído, chascándose literalmente su tímpano, y más allá, hacia el interior del caracol o la cadena de huesecillos, qué sé yo. Recuerdo que los alaridos de desesperación de aquel hombre, me impresionaron sobremanera, hasta que después de intentarlo con cera líquida ardiendo, pero sin ver que diera resultado, decidió clavarse un hierro hasta el fondo. ¡Clack!, un golpe seco y contundente. La sangre le manaba abundante desde el interior, pero, a cambio, consiguió que por fin dejara de tener aquella horrible sensación de verse comido por dentro en vida. Luego intentaba penosamente que aquella herida no se le infectara en medio de los rigores del trópico africano. Nunca más volvió a escuchar nada por aquel lado; sin duda, un daño colateral y menor comparado con el alivio de liberarse de aquellos insectos taladradores.

Esta noche pensaré en todo ello mientras duermo. Quizás, hasta tenga un dulce sueño de aves del paraíso devorando hormigas. Aves que, a su vez, sean devoradas de común acuerdo por un tigre y una serpiente bien avenidos. Y que los cuervos rieguen la noticia por todos los rincones de este bosque con su bello graznar. Quizás, todavía sea posible soñar en este mundo de locos. Quizás, soñar no, tan solo esperar. Quizás, los dados ya estén echados... Quién sabe.