sábado, 22 de mayo de 2010

Entre Heródoto y Bauchau


Investigo sobre los personajes del cuento de Bauchau y aflora una historia real (wikipedia es acojonante):
Ciro II el Grande (circa 600/575 – 530 a. C.), rey aqueménida de Persia (circa 559 - 530 a. C.) y fundador del Imperio persa aqueménida. Sus conquistas se extendieron sobre Media, Lidia y Babilonia, desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindú Kush, creando así el mayor imperio conocido hasta ese momento. El imperio fundado por Ciro mantuvo su existencia durante más de doscientos años, hasta su conquista final por Alejandro Magno (332 a. C.).
Ciro II era hijo de Cambises I de Anshan, de la dinastía aqueménida, y de Mandane, según Heródoto, hija del rey medo Astiages y de Aryenis, princesa del reino de Lidia. Esto le proporciona cierta legitimidad sobre los tronos de Media y Lidia. La residencia real de Ciro se situaba en Pasargadas, cerca de Anshan; no obstante es probable que ya se utilizase Susa, otro antiguo centro urbano de Elam, como capital alternativa.
Según una de las versiones presentadas por Heródoto, la esposa principal de Ciro era Casandana, hija de Farnaspes, un miembro de la familia real Aqueménida. El dato es con toda probabilidad correcto, ya que se ve en parte corroborado por la Crónica de Nabonido, a pesar de que ésta no menciona explícitamente de Casandana. La segunda versión, que afirma que la madre de Cambises era una hija del rey egipcio Amasis, debe ser considerada como un intento de legitimación de la conquista de Egipto por parte de Cambises (527 a. C.). Del mismo modo, es descartada la versión de Ctesias, según la cual la reina de Ciro era Amitis, hija del rey medo Astiages.
Casandana dio a luz a al menos dos hijos, Cambises y Esmerdis, y una hija, Atosa. Otras dos hijas, Artistona y una anónima, aparecen también en el relato de Heródoto, aunque no se conoce la identidad de su madre. Tanto Atosa como Artistona fueron sucesivamente consortes de su hermano Cambises II, del usurpador Gaumata y de Darío I; de este último también lo fue Parmis, la única hija de Esmerdis. Roxana, una consorte de Cambises mencionada por Ctesias, podría así mismo tratarse de una hija de Ciro.
Esta información final es, en cierto sentido, decepcionante. No hay nada de Diótima en la descendencia de Ciro el Grande, ni tampoco de su consorte griega. No fue posible, pues, ese encuentro entre lo dionisiaco persa y lo apolíneo griego que nos propone Bauchau, esa lucha vital entre instintos y raciocinios, entre pasiones y templanzas, entre vitalidades ancestrales y sofisticaciones civilizatorias. Todo producto de la ficción… Pero… ¡qué más da! ¿No fue acaso dichosa la escenificación cosechada? ¿No tuvo lugar ese encuentro prodigioso de lectura e imaginación? ¿No provocó sentimientos valiosos? ¿No fue agudo y penetrante el relato? Luego ¿a qué viene tanto alboroto por esa mezcla de realidad y ficción, como con aires de patraña y farsa? ¿No es esa la historia de la literatura? ¿No fue, entonces, su intensidad el verdadero logro?
…Y, sin embargo, esa intensidad no sería posible si no habla de lo real, es decir, que no resulte truculenta, forzada, artificiosa. Es, sencillamente, el jodido principio de la verosimilitud.