viernes, 11 de marzo de 2011

Aniversarios

Décimo aniversario de la supresión de la mili en España. Vigesimoquinto del NO de Canarias a la OTAN. Algunos colectivos antimilitaristas hasta lo celebran. Para mi no es fecha de celebraciones porque visto lo visto me hablan de una derrota. Muchos de los que participábamos en ese movimiento no lo hacíamos como antimili per se, sino con el ánimo final de construir una vía para el fin de los ejércitos, del comercio armamentístico, de los miedos y de los odios que los alimenta. Obviamente nada o muy poco de eso se consiguió, aunque sí un gran debate social sobre el militarismo, el reclutamiento universal y obligatorio o sobre la propia legitimidad de la objeción de conciencia frente a los dictámenes de los gobiernos. Los años han pasado y todavía sigo reconociéndome como antimilitarista, todavía sigo pensando que la guerra jamás será una solución para los conflictos. La guerra es sólo expresión de la frustración, de la obcecación, de la ambición y demás. La guerra seguirá formando parte de la infancia de la humanidad, de esa expresión maniquea de buenos y malos, de la total hegemonía de la fuerza bruta, de la inteligencia dirigida a la aniquilación, de la total impunidad y conquista. La guerra es el atajo de todos los atajos, la solución 'fácil', la incapacidad del tener en cuenta, la masa soliviantada y enardecida, la invención de patrias y banderas, la gran mentira del otro y del nosotros. La guerra es el esfuerzo vano, la imposición, el rodillo que aplasta y uniformiza, la simplicidad de lo homogéneo y unívoco.
Que algunos apelen a la naturaleza humana o a la insondable maldad humana para justificarla, es algo que no puedo comprender ni apoyar. En la guerra todos perdemos algo, todo es horror y barbarie, el triunfo de la neurosis y la anomia social.
Naturalmente que acudiré a la guerra el día que irremediablemente me vea abocado a ella; el asunto no es ese sino que está en que nunca se inicie.

Ayer vi a una de las griegas por fuera de Atlantic City cuando iba rumbo al García Sanabria. Fumaba distraidamente cuando pasaba yo, motorizado, por delante. Morena floreciente, sensual el ademán y de traje azulmarino uniformado. Ya no recuerdo bien cuántos centímetros por debajo o por encima de... Por un momento creí que se interesaba por los tertulianos de los martes noche. --¿Qué les sucedió el pasado martes? Que no vinieron-- Creo que le comentaba a la camarera al acercarle el cenicero.