domingo, 27 de noviembre de 2011

Roturas que llevan a un flirt

Bueno, de nuevo por aquí. Escritos desfasados que ahora piden ver la luz. Algunos ya habían perdido la esperanza, pero saldrán, vaya si saldrán. Recuerdo que hace un par de semanas fue un tiempo de cristales rotos. No sé bien qué significado pueda tener eso, pero sí lo que supuso de sufrimiento a mi bolsillo. Semana de cristales rotos cuando comenzaba proponiéndole al Dr R cristales para nuestra aventura pictórica en CNR; una técnica ya empleada en alguna ocasión por el poeta-pintor de La Maldad. Estuve por esa casa una noche, después de las poéticas del MAC y del Platillo Volante, en donde, entre otras cosas, departimos con Roncero, fumador de nocturnidad y alevosía. Con él nos dio tiempo hasta de hablar de Hume, Kant, del principio de causalidad, de Dios, del equilibrio, de la entropía, etc. Breve encuentro, pero intenso, como una especie de precocious ejaculation, pues con la misma se fue, después de un paternal rapapolvo al comportamiento de Jesús. En fin, cosas de otra galaxia, algo muy apropiado para este bar.
Cristales rotos, decía, cristal de parabrisas roto. Un susto enorme el otro día, circulando con el bólido por la autopista del sur. Gatos Pardos, decía mi padre cada vez que pasaba por aquí, el Llano Azul le llamaban los más tradicionales, el Gato Azul le llamaré yo a partir de ahora. El Gato Azul se me atravesó; uf, mala suerte, compañero, cuando se te atraviesa un gato azul de alargada y felina sombra. Hacía cosa de un mes o más, que sabía que el cierre del capó no estaba muy católico. Lo llevé al taller y me dijeron que eso era cosa del chapista, pero el chapista ya estaba cerrado ese día y quedó para otro momento. Y ese otro momento duró varios días, un par de semanas, quizás. Sí, todo un riesgo, lo sabía, y sabía también que debía ir despacio. Pero el otro día se ve que sobrepasé el límite, y los aires se metieron sibilinamente debajo, debajo del capó empujándolo, empujándolo de golpe. Iba por la autopista y de pronto el capó se fue contra mi parabrisas y quedé ciego. Así es la sombra de ese gato. Un golpe enorme, un susto mayúsculo. Frené pronto y como pude me arrimé hacia la derecha, al arcén. ¡Ufff! No no, no pasó nada, pero pienso en lo que pudo pasar. Una gran suerte después de todo, o no, según se mire. Producto del fuerte golpe, el cristal se quebró y yo con el acojono en el cuerpo, algo que todavía me dura cada vez que vuelvo a recordar.
'Joder, y tú escribiendo para Lunula un cuento con un accidente de tráfico', me dijo Jesús cuando le contaba. Sí, y en otro cuento, en el primero que mandé para esa revista, también hablaba de un accidente en la autopista. ¿Te acuerdas del perroputo, Jesús?
Y como la cosa iba de cristales y de cuentos... pues les seguiré contando: El viernes, leía un delicioso cuento de un autor cubano cuando... (Cuba, Canarias y la literatura se me han aunado en aquella semana). Había dejado mis gafas sobre otro cuento ya leído, uno de Lino Novás Calvo (autor reivindicado por Rojas), cuando vi que se caían. En el intento de cogerlas por el aire, tropecé con una de las patas y terminé por lanzarlas al suelo con más fuerza aún. Resultado, otro cristal roto. Y otro agujero pal bolsillo. ¡Qué semanita!
El caso es que aquel cuento que leía se titulaba "flirt" y eso me llevó a una olvidada historia en una noche de exposición pictórica en la ciudad de Los Adelantados. Una historia entre una bella pintora, un viejo escritor enamorado, un cuentista metido a crítico de arte y un servidor, del que todavía no tengo palabras para definirle medianamente. En fin, pero esa historia quedará para otro día.
Ahora solo quiero terminar diciendo (y así conecto con mi entrada anterior), que en toda aquella semana, no dejé de oir una de esas canciones de Sito en su recopilatorio "Casi". Una canción que en uno de sus estribillos dice así:

Podemos rellenar las copas de vino
Y lanzarlas a la espalda
Y así poder brindar
Sobre los cristales rotos
Por los tiempos viejos mejores

Así que... ¡¡¡Salú!!!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Sito Morales por la MAC


Desde hace un par de semanas tengo ruleteando el recopilatorio de canciones de Sito Morales: Casi. Publicación del también Morales, Anghel, aunque sin relación de parentesco según mantienen ellos mismos (en lo físico es evidente).
Jesús me dijo en uno de esos viajes al sur,
Anda, pon este cd a ver qué tal está.
De allí salieron unas cuantas canciones, que en el trasfondo de nuestras pláticas a lo largo de la serpiente negra rumbo a territorios aroneros, no me dijeron nada en especial. Jesús, que va dejando la mitad de las cosas atrás, también se dejó su cd. Como en mi coche ya sólo oigo canciones de la radio o de mi pendrai, pues algún día más creo que pasó desapercibido, hasta que por casualidad volvió a sonar en uno de mis descuidos apretando al source.
¡Hombre! -me dije- si todavía está aquí Sito Morales.
A Sito hacía mucho tiempo que no lo escuchaba, y aunque es de una época lagunera afín, realmente nunca lo vi en directo por aquellos bares del Cuadrilátero o en las escapadas al Ruta, casualidades de la vida, pero sí recuerdo la época de Ataud Vacante, uno de los grupos que marcó aquella época sonora de los ochenta y los noventa in Canary Island. Debemos andar por una misma edad.
El cd giraba y giraba, desgranando canciones con melodías que me resultaban conocidas, llenas de empatías con otros autores que me gustaron mucho en su momento, Dylan, la Velvet, Calamaro... El surtido era variado, y tan variado que me chocaba, incluso, la diferencia de estilos vocales. No sabía entonces, que se trataba de un recopilatorio de sus discos en solitario, y que se remontaba hasta trabajos de principios de los noventa.
No sé bien qué pasó, porque de mis recelos iniciales pasé a no dejar de escucharlo una y otra vez a lo largo de mis travesías isloteñas. Así, que algo deben tener estas canciones, alguna clase de magia que hace que no te canses de escucharlas.
La semana pasada fue la presentación de este Libro-CD en la sala de la Mutua de Accidentes de Canarias, a las 18,30 en la capital de este reino que nos ha tocado vivir. Jesús intervenía en la mesa y en la mañana ya le había advertido que el cd seguía en mi poder, que si no lo necesitaba para escucharlo antes del acto.
No no, yo tengo el libro con las letras de las canciones, y con eso me basto para hablar del trabajo de Sito.
Bueno, pues nada.
¿Y qué tal, las has oído? -me pregunta-
Sí, bastante, y cada vez me gustan más.
Coño, pues eso me anima, porque las letras también a mí. Poesía de la buena, no como otros con tanta petulancia.

La presentación comenzó algo desanghelada, pero fue cogiendo tono a medida que Chitoski comenzó a hablar. Intervención celebrada hasta por el propio Sito Morales.
Coño, estuvo muy bien eso de intercalar a Borjes con las letras de las canciones -dijo el Capitán M.

A mí me gustó mucho ese contraste de citas inicial y final, entre Chani (crítico del pueblo) y Borjes (crítico erudito del tango). Un contraste nada estridente a pesar del salto con pirueta, quizás, porque ambas tienen mucho que ver con la propia idiosincracia de las letras de las canciones; algo nocturnas, algo callejeras, con ese peso de cierto desencanto urbano que sabe a verdad.
Mucho más, aún, me gustó el talante que demostró tener Sito a la hora de explicarse. Lástima que no cantara algo allí mismo, otra oportunidad perdida para poderlo oir en directo. Algún día será.

En este recopilatorio, sin embargo, un par de canciones inéditas. Una, que me sabe a himno y a historia vital:

Los letreros luminosos
De la avenida
Parpadean y la lluvia
Cae tan finita
Que a penas la sintieron
Los bohemios
Que buscaban por la noche
Un bar abierto
Donde ir a morir
Sin temor al error
A tarararear la canción

La canción de los rebeldes
Que nunca se rinden
La canción de los vencidos
Sin estribillo

Venus brilla tenue
En el horizonte
Y el alba nos sorprende
Bebiendo en la calle
Mentiría si dijese
que la suerte
me ha tratado mal
o injustamente
lo que soy es lo que
una vez sembré
y todo lo demás es canción

La canción de los rebeldes
Que nunca se rinden
La canción de los vencidos
Sin estribillo

Todo un placer, este Libro-CD. Una joyita para guardar.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Susto y opinión (...que cada uno tiene los suyos)

Me recupero del susto. Esta mañana, el ordenata benjamín se negaba a arrancar. Trato de resucitarlo, pero me sale: "Reparación de inicio no puede reparar este equipo automáticamnente" ¡¡Cojones!! Y luego tres opciones: a)enviar información acerca de este problema (recomendado); b)no enviar; y c)ver detalles. Naturalmente el cuerpo me pedía pasarme por el forro la supuesta recomendación. Yo lo que quería es acceder al archivo de Word en el que trabajaba, y punto. Que no me vengan con majaderías ni más distracciones. Me voy a los 'detalles' y me aparecen no sé cuántos eventos con lindas palabritas como NotRootCause, AutoFailover, unknown... y códigos numéricos de no sé cuántos. ¡Pues a tomal pol...! Pero me dicen de al lado que pruebe a encender enchufándolo a la corriente. Je je, es que tiene batería, digo yo. No importa, prueba a ver. Enchufo y... ¡milagro! Pero si la batería tenía el 68% de carga. Nada nada, esto es así, me contestaba simpática y condescendiente.
Quien no estaba nada condescendiente esta mañana es JMª, con toda una retahíla de argumentaciones contra un tal Chitoski (perdón, Txitoski, ¿será la versión vascongada? No no, eso sería muy 'local'). El desencadenante fue una entrada de JMª hace unos días sobre literatura canariensis, y la respuesta de Chitoski a la misma en términos de inextricabilidad cognoscente. Ciertamente, JMª no estuvo muy explícito, pero sí lo suficiente para pensar que equivoca Chitoski el foco de su discusión local-universal si la centra en la producción literaria. Más bien, creo que se trata de criticar la 'local' exaltación de los géneros como valor literario en sí mismo. En eso estoy muy de acuerdo con JMª. Sin embargo, espero que el nahualt comprenda que tampoco los géneros puedan convertirse ahora en un criterio absoluto para denigrar la obra de cualquiera. Afortunadamente, ni la estructura y ni el marco lo son todo, aunque el que se apunte al cliché, sin más, también se predisponga a narraciones cuando menos acomodaticias y faltas de punch. Sin embargo, esas estructuras proporcionan también algunas ventajas para la vertebración de lo narrado. Todo al final, y como siempre, dependerá de cómo se haga. Que cada uno haga, pues, su apuesta, y ya veremos si pasa del mero entretenimiento o si ni siquiera cumple con las espectativas del género.

Si JMª se refiriera (que creo que no) al dónde de los hechos, para distinguir la buena de la mala literatura, pues estaría completamente de acuerdo con eso de Chitoski sobre 'que el microscopio y el telescopio enfocan la misma realidad' y también con eso de 'El Dublín de Joyce, el Cuernavaca de Malcolm Lowry, el Los Angeles de Bukowski, el San Petersburgo de Dostoieski, la Mancha de Cervantes, la Dinamarca de Shakespeare, el Igueste de Isaac de Vega...'
Desde este punto de vista, mucha de la buena literatura de siempre es 'local' porque, aunque acaba trascendiendo la localidad de los hechos y los personajes, no deja de referirse a ellos para conseguir la verosimilitud deseada. Ahora bien, tampoco olvidemos la buena literatura nada 'local' de los periplos viajeros, la ciencia ficción...

¡Uy, perdón perdón... que eso es literatura de género!

De todo ese rollo literario 'local' es de lo que trata mi escrito, finalmente recuperado, y que titulo "A propósito de Orlando Cova narrador", artículo prometido a Sonita Muñoz para su boletín La Gatera. A este paso, igual hasta sale a la luz antes que los textos de homenaje a Cova en El perseguidor.

martes, 8 de noviembre de 2011

Córvido de buen agüero


Según el calendario de Sonia Muñoz para este 2011, noviembre es el mes del perro. Mes de perros, sí señor, demasiados calderos al fuego. Menos mal que ya me quité de encima los compromisos para el nuevo número de Lunula: fotos y cuento para el recopilatorio del 'Bar de la Ignominia'. Apunto estuve de no estar ahí a pesar de tener desde hace tiempo una idea bien clara de por dónde deberían ir los tiros. Pero nada, pasó el tiempo y yo todavía esperando a tener el momento. 'A veces mejor así, me comenta Chitosky, apurado se va más al clavo, y sin tanta bobería'.
Ahora me queda también ponerme más al día en este bosque maldito, con ganas de que lleguen las primeras lluvias para comenzar a reverdecer de nuevo.
Recuerdo nuevamente aquello que Juan Goytisolo comentaba en el SILA sobre las dudas y las certezas; de sus preferencias por las narraciones de Las mil y una noches (ontología de la duda), frente a las de la Biblia (ontología de la certeza).
Traigo a colación esta anécdota, a propósito de mis últimas lecturas: Harraga de Antonio Lozano, El monje y la hija del verdugo de Ambrose Bierce, y En las afueras del Balayo / Hospital principal del norte de Orlando Cova.
En Harraga su protagonista, el tangerino Jalid, se maneja en un mar de incertidumbres por la soñada emigración a España y la mezquina pobreza de su país, Marruecos. Un eje fronterizo para la transgresión de toda clase de legalidades, para el comercio de drogas,armas y personas, para la vorágine de organizaciones mafiosas, las puñaladas traperas, la hipocresía del statu quo marroquí y los espejismos del dinero rápido e ilegal. Buena primera novela de Lozano (premio Novelpol 2003), nacido en Tánger, pero canarizado en Agüimes desde hace varias décadas, y que ahora destaca como una de las firmas de novela negra con mayor proyección de estas islas.
De El monje y la hija del verdugo, decir que es un clásico de la literatura gótica, novela magistral que nos lleva por los devaneos del franciscano Ambrosius con la bella e inocente Benedicta, la chica de las delicadas flores silvestres edelweiss. El joven monje se debatía entre su dedicación exclusiva al altísimo y los atendimientos de las cosas terrenas, especialmente en lo que respecta a Benedicta. Entre el orden de las certezas de su venerable vocación sacerdotal, y el orden del desasosiego y la incertidumbre por su amor carnal, amor doblemente prohibido por la propia condición de Benedicta como mujer y como apestada social al ser hija del verdugo.
Ah, qué pobre y consabido es el reino de la certeza, y qué cerrado e injusto a veces! ¡Ah, qué seductor y escurridizo el reino de la duda y la incertidumbre! donde todo éxtasis parece que sucumbe al abismo de la inestabilidad y la destrucción. ¡Ah, pero qué grata es la apertura de miras, la exploración a nuevos territorios, caminar al encuentro de nuevos retos.
Pájaro soñador, asienta ya tus patas en la tierra, deja ya de volar de flor en flor y escucha el noble saber del filósofo caminante y peripatético.
Releo En las afueras del Balayo de Orlando Cova, en realidad una novela corta que seguramente habrá pasado por una simple recopilación de pequeños cuentos. Sin embargo, componen una constelación de historias donde los personajes mantienen continuidad y se impregnan del contexto de las otras historias. Sí, ciertamente un primer intento de lo que luego compondrá Orlando más canónicamente como novela en Nadie contó los días exactos. Parecida técnica fragmentaria empleó también en Hospital principal del norte. Ambos, una forma de abordar esa compleja dimensión del ser humano y que sin duda preocupaban y ocupaban la sensibilidad de Orlando, como son las relaciones de poder, algo de lo que a propósito de Foucault, hablé brevemente hace unos días en su homenaje en Librería Cabildo.
El orden y desorden de la manera narrativa de Cova es algo más que un mero juego, juego al que te somete el autor explícitamente, por ejemplo, en la elaboración del índice de En las afueras del Balayo, al establecerlo en modo distinto al orden tradicional de la paginación. La fragmentariedad no es solo condición de la realidad observada subjetivamente, sino del propio orden temporal de las cosas, dando lugar a escenas puzzle que hablan de los infinitos cuadros de la brutalidad y sensibildad humanas.
Hasta siempre Orlando. Ahora le toca a Jesús, que quiere participar en no sé qué acto sobre ti, y ya le tengo prometido pasarle estos textos tuyos. Buen provecho.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El que faltaba

Tiempos de intemperie, sálvese quien pueda. Jesús siempre requiriendo que escribamos, que no dejemos pasar ni una, que si no nos corta el cuello. Uf, pues creo que a estas alturas ya estoy más degollado que aquel baifo sin cabeza que vi correr y brincar por el jable mientras se desangraba. Impresión de niño, de cuando las palomas rozaban el aroma de las flores, para seguir con la delicada metáfora ofrecida al gallego hablador. Qué tiempo de correrías sureñas, imposible contarlas todas, pero sí contaré ahora mi versión de la bronca playera del Paraíso.
Llegamos de rebote, acordándonos de Charlín y sabiendo bien poco de él después de la trifulca sobre si Lizundia podía o no ser defensor y crítico de su propia obra. Qué sentido del humor se gastan algunos. Bajábamos desde Guía de Isora, donde nuestro consumo videocultural no estaba siendo satisfactorio. Hasta teníamos miedo de costiparnos en la espera de aquella desangelada plaza. Que le den a la modernidad del cine veraniego al aire libre en pleno noviembre, como si tuviéramos que creernos el discurso entero de la eterna primavera turístico-isloteña. Cuando nos vimos con el gallego, todavía en el coche, Jesús ya me advirtió (y yo también me había dado cuenta) que ni le saludó. Nada, como si no existiese. Desde la admiración confesa a la completa indiferencia, cruel destino a un escritor metido de corrector puntual y por circunstancias del guión. En fin, y yo que me creía que el encuentro serviría para limar asperezas. Resultó mejor que eso. Parkeo en medio de la curva ciega (no hay otro sitio libre) y Charlín nos lleva a un bar que suele frecuentar. El nombre ya me pareció premonitorio, "El que faltaba". Si el Víctor orteguiano tiene razón y el valor de las cosas está en ellas mismas, solo que nosotros debemos estar preparados para saberlas apreciar, diría que aquel sitio no invitaba precisamente a la concordia y ni mucho menos estábamos preparados para avizorarla en lontananza. Y sobre aquella pequeña terraza de mobiliario plástico de un conocido refresco, comenzamos a departir sobre las últimas novedades literarias. Enrarecido ambiente, callejón sin salida, y no importa de qué, en una noche de ronroneo luminoso que prometía. Y yo reía en aquel pequeño rifirafe de escritores, pero en segundos la cosa explotó como un volcán a nuestros pies. Cada vez me veo más pájaro y aéreo, nada terrenal, como para estarme tomando en serio aquella falta de argumentos de peso, como que todo terminó en mariconada estentórea. Ya he tenido suficiente, se acabó el humor. ¿Y ahora qué?
A recomendar la lectura de Charlín, me dice Jesús, que la cosa no ha hecho sino empezar.
Que así sea.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿De qué color era el caballo blanco de Santiago?

Una vez en el colegio, llegaron unos para promocionar una enciclopedia 'educativa' de no sé cuántos tomos, de esas que ahora, en la era digital, pensamos que deberían arder en la pila de los infiernos si no fuera porque quedaría un horrible hueco en el mueble de nuestra sala. Para aquella promoción, hasta nos hicieron regalos en el aula misma. Los regalos se los llevaron los primeros en contestar a la famosa pregunta del color del caballo blanco. Yo no fui de los espabilaos, más bien me quedé pensando en quién sería ese tal Santiago que disponía de tan magnífico animal (o algo así). Esta tarde, el hermano Víctor sacó a relucir en Radio Tijuana la famosa paradoja del 'Asno de Buridán', para a continuación preguntarse (su hermano, más bien) por quién habría sido ese que la inventó. Pues eso, Buridán, el escolástico Jean Buridán discípulo de Guillermo de Ockham, para ser más exactos, que por algo se la conoce así, como el Asno "de" Buridán. El caso es que, según Ferrater Mora, el tal Buridán en comentario al tratado aristotélico De caelo no habló de un asno, sino de un perro, concluyendo Ferrater que en buena lógica debería conocérsela como el 'Perro de Buridán'. El asunto no es baladí, porque si era un perro, la comida a la que se pudiera referir la paradoja original, tampoco creo que fuera los dos montones de heno idénticos y equidistantes (que es la formulación clásica que nos ha llegado hasta nuestros días), más bien serían dos campanas a las que los perros son muy aficionados, según nos demostrara el también famoso perro de Paulov.
En fin, dejando el tufo conductista de lado, la discusión sobre la paradoja 'asnal' se llevó al terreno ético desde los escolásticos, pero se remonta a una discusión mucho más vieja, el problema del libre albedrío y el equilibrio en los elementos iguales de los filósofos griegos, y que por similitud se trasladó al problema de las motivaciones iguales. Luego los filósofos árabes y Santo Tomás lo trataron desde un punto de vista teológico en relación a la voluntad divina, la razón y la elección.
A pesar de que podamos preguntarnos si es legítimo tomar como base un hecho empíricamente imposible (que el asno muera de hambre ante la imposibilidad de encontrar alguna preferencia entre un montón de heno y otro por ser completamente idénticos), el caso es que lleva a preguntarnos por las escurridizas nociones de elección, preferencia, razón, voluntad y libertad, nos plantea Ferrater.
En las últimas décadas, incluso, recuerdo que la paradoja 'asnal' recobró fuerza en el terreno más sociológico de las elecciones o toma de decisiones del sujeto 'racional', pues viene a demostrar que las elecciones no tienen por qué ser siempre razonables o cuyas razones simplemente pueden escapar a las variables contempladas, lo que, sin duda, es el caso del cuadrúpedo, así como del bípedo Capitán América en Roma, debatiéndose existencialmente entre el disfrute devoto de la Capilla Sixtina o la admiración lujuriosa a una bella dama romana.

¡¡Me voy, que me comen las hormigas!!

jueves, 6 de octubre de 2011

Fregaduras y otros asuntos

La primera parte de esta historia ya está mas o menos contada en un par de entradas del Consentido y mías. No quiero incidir más en eso. Ahora es otra parte la que me interesa, la del flujo constante, el enredo cotidiano y virtual de dimes y diretes. Aquí una muestra con cierto glamour.

--Gracias ramon.el editor ya recibio la novela.dijo que esta muy bien corregida.esta a la espera de recibir tu foto para iniciar la maquetación.un abrazo.
--Bueno, esta bien. Yo sigo buscando escena, atrezo y actores.
--Mira ramon, no te compliques. Si no, ya buscamos otra solucion.
--Antonio, no me toques los chirimbolos. Ya te dije lo q tengo pensado y asi saldra. No ves q los ingredientes llevan su tiempo conseguirlos o que? Calma esa ansiedad, pol dios!!
--Chito, conseguí unos corazones magníficos en Solo Cochino, pero joder, me lo venden todo junto. Toda la asadura completa (higado, pancreas, pulmones... hasta la lengua y tráquea van incluidas, toda una lección de anatomía)
--Y hay mucha sangre?
--Si, algo habrá, en los intersticios. Unos corazones esplendidos. ¿Donde hay un chino en S/C? Necesito botes más grandes, los q tengo son pocos y cortos.
--Era guapa y alegre la puertorriqueña esa, eh?
--Sí, te la camelaste desde el comienzo, contándole para qué queríamos los botes, como si fuera una ocurrencia del momento. Qué cabrón estás hecho!
--Nada hay como decir la verdad. Nadie te creerá.
--Y ahora como hago yo pa meter todas estas fregaduras a camino. Tendre que bajar por tu casa.
--Descuartizador de las Mantecas, te dejaste aki tijera y cuchillo. Menos mal, la s no corre peligro. Buenas fotos, viejo, y saludos.
--Foto hecha en camino del bosque de la maravilla. Ahora seguimos al Pijaral, territorio de la tabaiba gigante y de los helechos transparentes. Otra maravilla nos aguarda. Salu, viejo.
--Ya terminamos, bajamos por el bar de Santana. Comemos alli.
--Ok. Me pego antes baño en el mar, pa abrir apetito.
--Estamos en terraza del portugués, Gran Avenida de los Laureles Secos.
--Bueno Antonio, aquí tienes una selección de las imágenes. Son fotos en bruto, es decir, tal cual las captó la cámara, sin trabajar aún. De todas ellas tendrás que elegir la composición que más te guste para la portada. Un abrazo y ya me cuentas.
--Muchas gracias.espero elegir bien.un abrazo.
--Despues de mucho deliberar mi hermano y yo... elegimos la nº 70
--Pues nada, esa trabajo.
--Antonio, la foto ya esta. Ahora me tienes que decir en que formato la quiere el editor. Dile q la tengo en tif, pero se la puedo pasar a jpg. Consultalo y ya me cuentas.
--El dice q en tif mejor.
--Pero es q así pesa un montón.
--Pues q la pases a jpg a 300 ppp.
--Foto enviada. Abel ya me contesto q la había recibido. De todas formas, si quieres te aseguras. Un abrazo
--Gracias ramon.todo ok. Ahora toca esperar
--¡¡Vamos tete!!
--Cuando juega?
--Ya jugo, tolete, y gano 3-0 ¿Donde andas?
--Estoy Sain Andrius, Orlando murió.
Que! Coño, no avisas! ¿Cuando el entierro?
--Mañana a las 11
--Qué va, no puedo. Me acerco ahora un momento. Esta tarde ya tengo q irme pal sur.
--Charlin, mañana entierro de Orlando Cova, la placa supongo q vendra despues.
--¡Qué me dices! Pero es q estaba malo o que?
--Si, llevaba un tiempo ingresado. El higado no aguanto mas.
--Foto de la rata, lista. Como fue todo con lo de Cova?
--Bien, mucha gente, y anoche con los hermanos y G. Esa foto sera para el bar de la ignominia, no?
--Sí, una rata de monte, bien armada de afiladas garras.
--Estupendo, ya me enseñaras otro dia.

Y el flujo y reflujo continúa por las ondas. Mientras, una columna de nube remonta extrañamente peinada por el viento hasta las alturas. Justo detrás de la casa verde. Como un remordimiento que aguarda.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Que se me pegue la lengua del paladar

¡La vida no es literatura!, me dice Germán el otro día en el bar de Dionisio, cuando volvía de conseguir un hermoso medregal (kilo y medio pesó el cabrón). Yo iba pensando en caldos nutricios, en filetes a la plancha con un buen mojo colorao a lo pobre, sin ajos, ni tanta mierda moderna (cocinero, dedícate a cocinar). Germán se reía y me contaba novedades de unos y otros, gentes del pueblo, amigos comunes. Y cómo lo contaba, el hijoputa, sin dejar títere con cabeza, y con qué ritmo y expresión. Cómo pasar todo eso al texto, imposible. No, Germán, la vida no es literatura, tienes razón. La literatura no te da tregua, no hay margen para el aburrimiento. En la vida sí; para el aburrimiento, la desidia y la pesadez, pero eso en la literatura es un pecado mortal. La literatura es una machacadora, chack, chack, chack... Allí no debe faltar ni sobrar nada; fuera el pajullo, fuera el delirio mental onanista, sólo la hierba fresca y jugosa, recién cortada por una implacable guadaña de filo bien afilado. Algo que nutra bien y sacie nuestra sed de leer de verdad, nuestra sed de vida.
La vida, amigo, tiene su peso, pensaba yo el otro día después de tanto sepelio seguido que llevo últimamente. Nada de lo que hagas es gratuito ni pasará inadvertido. Para ellos, para ellas, para tí... La vida, amigo mío, tiene cuerpo de hipopótamo, que a veces flota grácil en las aguas y otras avanza grave y torpemente fuera de líquido alguno. La vida, amigo mío, tiene un peso hondo y telúrico que nos lleva por caminos insospechados.
El domingo, viaje sorpresa a St. Andrews; aquél parnaso está de luto por Orlando Cova. El jueves anterior viaje relámpago a la isla de la maldición, una prima que recientemente había ido a visitar su convalescencia, también nos dejó.
Me asomo a ver la cara de la muerte en Orlando. Es curioso, hace tan solo unos años esto no lo hubiera hecho, pero ya la muerte comienza a serme familiar, ya no me asusta verla cara a cara. Pues no son ellos los que están, sino su extraña apariencia deformante, la de su frialdad.
Antes de acercarnos a despedirme de Orlando, garabateo en una servilleta del Monterrey. ¡Ya estás como Chanito apuntando cosas en las servilletas! me dice Jesús. Como Chanito y como tú, le contesto.

Chito, dónde vas a ir ahora
Déjame ir por la mar
a ver dónde voy a parar

Que en tu pecho ese lunar
reposa
haciéndome pensar
cualquier cosa

En el dulce perfil
de la niña del bosque
¡Ay, qué vergüenza!, dijo,
después de sentir
el carboncillo rozar
cadera y entrepierna

Cuando avanzo entre las nubes, en esta guagua aérea de Islas, pienso que muertos ya todos mis tíos por parte paterna (y eran siete), ahora le toca a mis primos. Entierro de una prima, una prima a la que por mucho tiempo consideré tía, y a sus hijos como primos, tal era la diferencia de edad (85 años tenía ahora cuando murió y más de diez años me llevan sus hijos). Luego me dijeron que no, que yo, en realidad, era tío de los que consideraba primos y que prima era a quien tomaba por tía. En fin, líos parentales aparte, aquellos sentimientos infantiles y el trato y el cariño continuaron igual hasta ahora. Triste e inesperada despedida, pues.
Durante el sepelio en la iglesia de Tazacorte, descubro una nueva imagen de San Miguel luchando contra el diablo, una bella talla de madera policromada. Seguramente entré aquí algunas veces de chiquillo, pero nunca había reparado como ahora en esta imagen, pues me retrotrae a la visita de hace unas semanas, donde al fin conocí la tan celebrada fiesta del diablo en Tijarafe.
Cada vez que vengo a esta isla es inevitable viajar también al origen, al tiempo en que empezó todo. Al origen familiar, sí, pero también a algo mucho más difuso y arrebatador; a las imágenes y emociones de los primeros años de vida. Recuerdo que viví aquí un año, en casa de mi abuela materna en El Cardón, cuando apenas contaba con dos o tres años. Una casa entre platanales, a medio camino entre los Llanos de Aridane y territorio bagañete.

'Que se me pegue la lengua del paladar si no me acuerdo de ti' rezaba el estribillo de la canción durante la misa de mi prima. La cantaba uno en plan cantautor con guitarra, cual Labordeta, y me pareció vibrante y reveladora. Sí, cada uno tiene sus muertos y su memoria. Pero en la canción se hablaba de Sión, y no acertaba a entender qué hacía un canto judío en una iglesia católica de Tazacorte, en medio de un sepelio cristiano. Quizás, haya que revisar muchas cosas de la presencia judía en Canarias (o al menos en La Palma, isla cuyo patrono es San Miguel, defensor de los judíos), algo que a cierta asociación de la que soy 'testigo', le gustaría sobremanera. Luego me entero, en internete, que esa letra corresponde al salmo 136, intitulado "Junto a los canales de Babilonia". Allá va:

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión».

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Señor, toma cuentas a los Idumeos
del día de Jerusalén,
cuando se incitaban: «Arrasadla,
arrasadla hasta el cimiento».

Capital de Babilonia, ¡criminal!
¡Quién pudiera pagarte los males
que nos has hecho!
¡Quién pudiera agarrar y estrellar
tus niños contra las peñas!]

Creo que las últimas estrofas las omitió el políticamente correcto, cantante y cristiano. Pero allí estuvo él, dándonos entonado testimonio de Sión y de la importancia de la memoria. Que se me pegue, pues, la lengua del paladar si no me acuerdo de ti, en tus días de no más volver.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El ser y el pixel


¡Apareció! Al final apareció la foto que saqué el otro día con el móvil. Nada del otro mundo, pero siempre te encuentras sorpresas. Cuando la saqué estaba convencido que no había nadie allí; había tenido que esperar unos segundos hasta que un estudiante, que de seguro iba a continuar afanándose en la biblioteca, desapareciera del encuadre. Hoy, cuando veo la foto de nuevo, me encuentro con una inesperada y enigmática figura en la esquina inferior izquierda. No acierto a saber si es él o ella, más bien lo segundo, pero, sin duda, ha añadido un nuevo punto de interés a la imagen: el 'ser' ante la corrupción del 'pixel'.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El arte del pixel

Ayer, cuando íbamos de camino al SILA para ver al triunvirato J. Goytisolo, A. Sánchez Robayna y A. Glez. Jerez, saqué esta foto. Recordaba la conversación con Ramallo el otro día, cuando hablábamos de la exposición de Isabelle Pozzi en El Corte Inglés y de toda aquella teorización del trampantojo (trompe-l’oeil, como decía el presentador) y la pixelización en el arte. Cientos de pequeñas fotografías, a modo de pixeles, componían finalmente una imagen mayor, perfectamente observable desde cierta distancia. La idea no está mal como metáfora de la biografía de las personas; toda esa serie de yoes instantáneos para recomponer el retrato de una vida. Sí, me gusta, una idea para explorar. Sin embargo, nada de eso veo en las fotos de Pozzi. Todas sus imágenes son de personajes u objetos famosos de probado glamur mediático: actores y actrices como Paul Newman, Marilyn Monroe, Charles Chaplin; Banderas como la Union Yack o la del Tío Sam; políticos como Nelson Mandela o John Fitzgerald Kennedy… Imágenes fácilmente identificables, fácilmente consumibles.
El formato y temática de las imágenes me hace pensar más en decoración que en arte. No hay ningún afán creativo, ni de reflexión biográfica de las personas, sino una depurada técnica de tratamiento fotográfico a la búsqueda de clichés del imaginario de la cultura de masas, con un cierto ‘estilo’ para el consumo chic de una clase media y alta. Imágenes ya sin alma, producto de la estandarización y la reproducción infinita, pura esteticidad vacía.
Por otro lado, el fenómeno de la pixelización, que es producto de la descomposición de la imagen, aquí se muestra invertido, es decir, al servicio de la recomposición interesada, mostrando imágenes finales perfectamente nítidas, que es la propia negación de la pixelización. Cuando Salvador Dalí llevó a cabo aquel famoso cuadro con la cara de Lincoln, sí jugó a la pixelización, sin que todavía existiera el menor asomo de la moderna digitalización de las imágenes, sólo exploraba el universo de las novedosas teorías científicas de la composición de la imagen de aquel momento y la manera de ver que tiene el ojo humano. Nada de Photoshop, nada de ordenador ni televisión tdt.
Y a eso iba, al tdt. Ramallo comentaba que eso era el lateral del TEA que da al barranco, pura pixelización. Y es cierto, pero no en el sentido del acercamiento brutal a la imagen hasta hacer muy visibles los pequeños pixeles que la componen. No, más bien creo que se trata de la corrupción de la imagen, de los restos del naufragio de información pixélica, producto de la putrefacción del archivo digital. Algo así como esos fallos de trasmisión televisiva, esos instantes de suma interferencia, que se nos aparecen en nuestro televisor con esos extraños barridos de colores. Colores puros que terminan por formar pequeños puntitos discontinuos; el rastro arbitrario y fantasmagórico de una imagen.

(Disculpen, pero mi ordenador (tigre)
y mi móvil (serpiente), se han peleado.
Durante la transmisión de datos por
USB debió pasar algo extraño y he
perdido la imagen de la fachada
barranquera del TEA. Tuve que reiniciar
el sistema y el arranque se había
quedado jodido. Menos mal que él
solo se recompuso. Pero ahora el
archivo ya no está ni en un lado
ni en el otro. ¿?)

Menos mal que todavía conservo la foto irremplazable
que le saqué a Jesús en el guachinche del Coromoto,
con Franco de fondo en la pared. Pero eso será materia
para otra entrada a este blog si resuelvo las
desavenencias entre mi cacharrería digital. Espero que mi
ángel de la guarda me proteja esta vez.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Hormigueos de cuervo atigrado

El tigre y la serpiente no se llevan muy bien, me dice un experto gurú oriental. No sé si hacerle caso, pues no entiendo una papa de esas cuestiones. Tampoco sé si soy tigre, cabra, rata, mono o serpiente. Problemas filosóficos del ser aparte, cada libro o web que consulte, me ofrece un animal distinto. Ahora bien, sí sé que no hay pájaro volador alguno en el horóscopo chino, solo, y como excepción presente en toda regla que se precie, el dragón es volador, a pesar de que también tenga patas con las que poder andar.
Como córvido que sí soy, no me ofrece mucha confianza los designios de un horóscopo así, tan terrícola y discriminador de la animalia voladora. Sin embargo, de los chinos ya sabemos que les gusta mantener los pies en el suelo, pragmáticos y disciplinados hasta en su vertiginoso capitalismo. No es de extrañar, pues, que los caracteres humanos los hayan visto bien representados en esa panoplia zoológica.

No sé, se acerca el invierno y eso parece que lo saben bien las hormigas de por aquí. Así están ellas últimamente de hiperactivas y frenéticas, como intentando aprovechar al máximo las últimas oportunidades de almacenar algo para los tiempos duros que se avecinan. Su histeria colectiva ha llegado hasta el punto de invadir buena parte de mi casa, y cada vez que me siento a trabajar en este ordenador, veo cómo se me suben a las canillas, aprovechándose de mi poca movilidad. La obsesión, que ya tengo, hace que continuamente imagine como reales otros recorridos y picores de estos bichos por todo el cuerpo. Hace un rato, sin más, estaba convencido que me había entrado una al oído. Joder, me acordé de aquel explorador británico que trataba de encontrar las fuentes del Nilo y que, sin darse cuenta, una noche montaron el campamento sobre un hormiguero. A la mañana siguiente se despertó con miles de hormigas soldado por todo su cuerpo intentando defender con mandíbulas su territorio. Las del cuerpo no importaban porque podía sacudírselas fácilmente, pero no así las que estaban en el interior de su oído, chascándose literalmente su tímpano, y más allá, hacia el interior del caracol o la cadena de huesecillos, qué sé yo. Recuerdo que los alaridos de desesperación de aquel hombre, me impresionaron sobremanera, hasta que después de intentarlo con cera líquida ardiendo, pero sin ver que diera resultado, decidió clavarse un hierro hasta el fondo. ¡Clack!, un golpe seco y contundente. La sangre le manaba abundante desde el interior, pero, a cambio, consiguió que por fin dejara de tener aquella horrible sensación de verse comido por dentro en vida. Luego intentaba penosamente que aquella herida no se le infectara en medio de los rigores del trópico africano. Nunca más volvió a escuchar nada por aquel lado; sin duda, un daño colateral y menor comparado con el alivio de liberarse de aquellos insectos taladradores.

Esta noche pensaré en todo ello mientras duermo. Quizás, hasta tenga un dulce sueño de aves del paraíso devorando hormigas. Aves que, a su vez, sean devoradas de común acuerdo por un tigre y una serpiente bien avenidos. Y que los cuervos rieguen la noticia por todos los rincones de este bosque con su bello graznar. Quizás, todavía sea posible soñar en este mundo de locos. Quizás, soñar no, tan solo esperar. Quizás, los dados ya estén echados... Quién sabe.

martes, 20 de septiembre de 2011

Métricas exactas

Tres kilómetros, ochocientos doce metros, resultaron demasiados. A juzgar por lo que me cuenta la familia del barrio La Maldad, demasiada conducción a lo que podría dar sentido a esta vida y todo tan espléndidamente estetizado, tanta panorámica cósmica... "O te gusta a morir o sales echando pestes", me dice Jesús. Para el bloguero Rojas esta película devuelve las ganas de seguir yendo al cine. No sé, habrá que ir, pues, a ver 'El árbol de la vida', degustándola metro a metro, kilómetro a kilómetro. Ojalá que no salga tan defraudado como de 'La piel en que habito', con sus tres kilómetros, doscientos ochenta y cuatro metros. Mala cosa cuando ves una película siempre con la sensación de que es eso, una película. Nunca te la acabas de creer. Lástima, porque tuvo un gran final y ese lenguaje visual exquisito que solo Almodóvar le sabe dar. A tres kilómetros, setecientos dieciocho metros, dicen que subieron Sibi y su amigo Manuel. Jesús no, que él se quedaba abajo, en la base del tótem montañoso, viendo a las alemanas bajarse de las guaguas turísticas, con sus metros, centímetros y milímetros exactos, sin sobrarles ni faltarles un ápice por ningún lado.
Al que sí le sobran y le faltan cosas es al gallego Charlín. Una novela con mucho que corregir todavía. Charlín dice que no, que lo tiene todo bien calibrado, hasta las obviedades, redundancias y metáforas chorra. Ay Charlín, yo no soy nadie para decir, pero cuánto tienes que aprender. Charlín tiene prisa, quiere dejar todo listo para publicar a final de mes. Argumento: que aquí no tiene ordenador para seguir corrigiendo (él está ahora por su Galicia natal). Sí, ya sé que es un contratiempo, pero ya deberías saber que la literatura no entiende nada de eso. Anoche, Jesús y yo le hicimos limpia al último capítulo. “Trae acá, a ver qué clase de música tiene esto” me dijo Jesús, y la música daba demasiados bandazos, música que necesita de un mayor afinamiento. A veces, una simple nota mal puesta, jode toda una partitura.
Hoy le mando mensaje al gallego para ponerlo al día. Nada, luego me llama y se reafirma, y yo ya estoy a punto de dejarlo todo como está. Amador es un lazo muy débil para mantener el sentido a todo. Para mí falta algo más, pero quién soy yo. Sólo me comprometo ya a hacerte la portada. La tengo hecha ya en mi cabeza, ahora solo es cuestión de poner todo en práctica y encontrar la escena y a los actores apropiados. Eso sí dependerá de mí, milímetro por milímetro.

Ahora, solo me viene a la memoria aquella bella melodía de 'Guaraní', con una de nuestras mejores voces hispanas:

"Guaraníii, como si hablara en Guaraníiii, se ha empeñaado la reaalidad en haceerme sentiir... guaraní, como si yo hablara en guaaraníiii...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Misterios

'Nos vemos después en Mistério'. Sí, no me hubiera importado, pero esta vez tenía otro compromiso en el sur. Un viejo amigo que ha sido triste portada en los periódicos estos últimos días. Toda su historia aireada a los cuatro vientos. Una historia que todavía no se sabe si es cierta o no; una historia de película, como le hubiera gustado a él mismo que fuera toda su vida. Una historia inconformista de verdad. Una historia de fuego y bidones de gasolina, como en aquel famoso título de una novela escandinava de éxito arrollador. Pero, nada, esta historia no tiene nada que ver con aquella, salvo en la imagen que invocaba la propia frase. Una historia de verdad aunque parezca de mentira, quizás por eso se ocuparon largo y tendido en la prensa y otros medios. Todavía fue más inverosímil en alguna otra versión que escuché durante el sepelio, una versión para escribirla si no tuviera estos putos escrúpulos o como coño se llame este ancestral respeto a los muertos. Y más que eso, será el jodido respeto a los vivos más cercanos a él, a los que de verdad estarán bien desolados por su repentina marcha. Nosotros, los que le conocimos, apenas nada en comparación. Una huella que llevar dentro mientras nuestras vidas continúan a lo mismo de siempre, la misma huella que tal vez dejaremos nosotros en los demás. Apenas un trazo, una anécdota, un motivo para hablar sin más trascendencia cuando se tercie. Hasta que el olvido se extienda como una mancha de aceite en un charco, ahogándolo, pudriéndolo por completo. Ya sé de todo eso, y del paso del tiempo y de lo extraño que es este mundo cuando sabes que al fin todo dará igual, que nuestros grandes afanes, nuestras pequeñas conquistas, sólo quedarán ahí, convirtiéndose apenas en nada, en una mera ilusión que casi se irá con nosotros mismos.
Ya llevo encima unos cuantos muertos para saber todo eso. La vida no tiene sentido, amigos (amigas). Da igual, todo da igual, si arriba o si abajo, si a un lado o si al otro. Y, sin embargo, lo que no da igual eres tú mismo; si vives o no conforme a tí mismo, si caes en la mentira mayor de todas, que es el mentirte a tí mismo, el dejarte llevar por la corriente, sin ni siquiera intentar remar. Un remar inútil, sin duda, pero cómo reconforta remar. Sentir que remas y remas, aunque no llegues a ningún lado, porque quien no reme sí que ya estará muerto en vida. Remen, cabrones, remen y remen hasta encontrar suficiente combustible, si eso les place. Pero remen, carajo, que nadie dijo que esto sería fácil. Y cuando ya ni remar tenga sentido, tener coraje para remar por última vez rumbo al viento. Un abrazo, viejo amigo. Por allá nos veremos algún día.
Misterio, sí, todo esto es un puto misterio. Y a pesar de todo...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Si me das cinco euros, te lo regalo

Dicen que por qué ya no escribo, que desde hace un tiempo avanzo fatigosamente en mi blog. Sí, es cierto, escribir sólo es un estado del ser, y últimamente no encuentro mi espacio, todo demasiado revuelto, demasiado rápido y túrbido, como esos embates que anegaron San Andrés. Y del ser y el ente estuvimos hablando el otro día en Tijuana, y luego de otras cosas más en la verticalidad nada subterránea de Atlantic City. Esa tarde yo sólo quería hablar de viajes, de viajes marcados por córvidos de negro plumaje (como ahora apunta JMª). No pudo ser. Parménides tiene la culpa, alegaba Jesús, aunque también fuimos metiendo a otros en el ajo. Ese es nuestro aliciente; que las palabras fluyan, que vayan encadenándose unas a otras para encontrar un hilo de sentido a esa verticalidad etérea, una mera proyección de nuestra mente para poder respirar hondo y sentir vida. Así son los entresijos de las ideas recomponiéndose, recombinándose, para dar forma a lo que sólo estaba en potencia. Y en cada acto, la certeza de que bien podría haber sido de otra manera, aunque ahora ya no sepas qué. Y derivamos por la ontología y la tragedia, quién me lo iba a decir. Y seguimos con lo apolíneo y lo dionisiaco, y ahí volví a sentir mis últimos viajes, especialmente el último a territorio bagañete y aledaños, territorio bendecido por símbolos e historias que me hacen volar. Cuando gracias a Juana fuimos a ver la exposición de Cándido Camacho (el amante de las reinas de la noche), supe que esta vez sí, que tenía que ir a La Palma; la isla de la endecha y su maldición, la isla del santo patrón el Arcángel San Miguel, defensor de los judíos y luchador infatigable contra el diablo. El triunfo de la luz, la belleza y el orden sobre la oscuridad amorfa e irracional, contra la pérdida del principio de individuación, como invocaban los hermanos en Tijuana. Pero en esta isla, una noche el diablo triunfa y entre lenguas de fuego bailamos hasta el amanecer. Dejamos de ser uno para ser uno con todo, y todo se vuelve cornudo, dionisiaco, amorfo, magmático. Y comemos carne de cabra, y bebemos vino y cerveza negra del diablo, y cantamos y bailamos, y saltamos y nos hartamos de esa clase de fuego que no es ni físico ni metafísico, y tenemos cuidado de la cola del diablo, cumpliendo con lo que me susurró el cuervo en La Cumbrecita, y nos despedimos de la isla bajo una nube de grajas volando sobre nuestras cabezas, aprovechando las corrientes cálidas del verano, ascendiendo y dando vueltas y más vueltas, y croando entre aromas de brezo por La Concepción, después de pasar por El Porvenir.
Y nos vamos a San Andrés. ‘Tengo que ir para allá’ decía Jesús con un brillo especial en los ojos tras una llamada telefónica. No sé qué pasó, pero a mí también me entraron ganas de ir. El mundo sigue revuelto y cada uno te ofrece su cachito de vida, como una panoplia de variedad y matices. Ferni me habla de su querida música llanera. Sé que tan solo es un juego, un punto de partida; el juego de reclamar una cierta compensación cuando es la propia empatía lo que está en juego. Esos cabrones que me birlaron el cd del bólido dorado, tienen la jodida culpa, pero no se trata de eso precisamente. De Daví dice Jesús que es un narrador del carajo, y se ensartan a hablar de sus cosas, y yo los dejo en la ventana del Castillo. Hablo con el barman, que ha conocido mundo y me cuenta de tierras americanas. Me doy cuenta de su deje palmero y venezolano, que me recuerda tanto al amigo del Oyente Marcelino. También es chavista y los argumentos se repiten. Ay Dios, qué hacer en este mundo de medias verdades y falsas esperanzas. La única certeza está en el ron que me traje de La Palma, Jesús sabe algo de eso, aunque no se lo merezca por venganzas de serpiente enroscada. Menos mal, que de vez en cuando se deja caer con otra clase de negocios más túrbidos y fraudulentos.

martes, 30 de agosto de 2011

Cotidianas de maresía y ventolera (v)

Ay Irene, hace un par de meses celebrábamos tu nacimiento, un nacimiento tan distinto. Y nos preguntaban ¿quién es esa tal Irene? Sí, no sabíamos entonces qué clase de fuego la alimentaba. En estos días atrás se nos venía anunciando su cara más funesta, poniendo en jaque a la ciudad más poderosa del planeta. Y ahora sigue subiendo más al norte, rumbo al Canadá, ¿quién lo iba a pensar? Dicen que la corriente del Labrador tiene la culpa, y que unas aguas calenturientas por el cambio climático hará que más Irenes de éstas se vuelvan a ver en años venideros. No sé, se ha hablado tantas veces que viene ese lobo, que ya no sabes si creerte el cuento. Lo cierto, es que una extraña cola de ese vórtice americano parece que ha cruzado el Atlántico y nos llega a estas peñas canarianas en forma de olas gigantes. Dicen que el diablo siempre trae una cola muy larga, acabada en ponzoñosa punta. Todo un espectáculo para quien no esté a su alcance, todo un siniestro rumor para los del borde mismo de la mar. Despierta esta mañana la prensa con titulares igualmente agitados y agigantados. El Diario de Avisos especialmente, con primera página inusualmente apaisada, ocupando portada y contraportada. Joder, “¡Nunca más!” y una inmensa foto de las calles anegadas de San Andrés. ¡Nunca más! El pueblo se levanta para reclamar el dique de protección que se les niega desde hace más de cuarenta años. ¡Nunca más! Las aguas saladas y revueltas asaltando calles, casas, garajes, negocios… Me imagino el derrotero de nuestros lugares favoritos. A Chani, a su abuela, a Ferni y Carmita, a los del bar Castillo, al Portugués, a la bella Karima, a Rivero el poeta escondido, al otro Rivero, D. José narrador impenitente… Al parnaso sanandresino todo él ante la amargura de la mar en sus propias casas. De Orlando, no, de él mejor no digo nada, ya tiene con su propia marejada.
Sabe este pueblo demasiado de inundaciones y desgracias, inundaciones de barranco y de océano, con torrentes de monos azules y de tiburones de guante blanco. Todos ellos operando siempre de espaldas, a traición. La torre-castillo se quebró en su día, advirtiendo de los peligros, pero seguimos empeñados en ganar la partida a los elementos, en la puta senda de los elefantes. Así somos todos, tan dados en demostrar nuestra fuerza, tan olvidadizos de los límites, creyendo ganar la partida palmo a palmo. Las aguas, mientras, brincan revoltosas los paseos y avenidas para luego quedar embalsadas, como si de preciado elemento se tratara. Curioso urbanismo éste que ni protege de las entradas ni deja que salgan luego. Pura racionalidad arquitectural, y lo digo porque habría un proyecto, firmado, visado y bendecido, como también los hubo de avenidas y bulevares santacruceros, demostradamente ineficaces y traicioneros. ¿Algo que objetar al pueblo esta vez?
También al sur le tocó algo parecido. Por Las Galletas estuve yo. Pero allí el agua con la misma que entraba, salía. Sí, calles por donde callados y arenales campaban a su aire, pero muy poco de inundación. Ya sabemos que todo arma tiene doble filo, y, una vez más, la barrera valió más de dique que como impedimento.
Las olas reventaban en los picachos de afuera, la Baja de Las Galletas continúa siendo su mejor protección, con sus aromas de verde marino y sus formas de capricho volcánico. Las olas entran poderosas hacia La Ballena, por allá de la Punta del Viento. La gente se arremolina y deleita con la espectacularidad de los espumarajes y los golpes de mar que hacen vibrar el terreno que pisan. Los románticos hablaban de la grandiosidad de lo natural y del sentimiento sublime que precede al horror de sucumbir ante ella. Y yo rememoro las palabras de uno de aquellos espectadores improvisados:

El murmullo de la rompiente en una noche de callados sueltos,
Viajando libres por peatonales y avenidas,
Una noche de chapoteos y voces que piden auxilio.
Y tú, durmiendo como una niña sin pastis con las que juguetear
Orgullosa del sacrificio y riendo el encuentro,
Soñando verano en tu silla roja, de espaldas al mar.

jueves, 25 de agosto de 2011

Cotidianas de maresía y ventolera (iv)


Llevaba varios días sin saber de ellos. Nada, ni móviles ni fijo, ni respuesta a llamadas perdidas ni a mensajes. Totalmente Out, como si estuvieran fuera del mundo civilizado de las ondas comunicativas. ¿Joder, qué les habrá pasado? Me preguntaba ya. Al fin, un mensaje escueto: “Estamos en La Gomera”. Oká, ahora sí. En La Gomera, los dulces tortolinos… ¡Cabrones! y yo preocupado, al borde casi de llamar a bomberos, hospitales y BRIFOR (Brigadas Forestales, por si les había dado por la cosa verdulera y hippie).
La Gomera. Joder, de La Gomera tengo muy cerca un grato recuerdo. Sobre el mueble de la sala veo aún el gánigo que me traje una vez de Chipude. Suvenir de mi última estancia turístico-familiar. Sí, ya sé que últimamente estoy muy family, entre otras cosas. Pues eso, una magnífica cerámica de acabado tosco y minimalista en las formas (que así queda más chic), de un oscuro rudo y ancestral. No es un gánigo cualquiera, sino una reproducción del que presenta asas vertederas a ambos lados (y así quedo como entendido, los arqueólogos me confirmarán). Cuentan que así era el gánigo ritual de los acuerdos sellados de común, que una vez llenado de leche de cabra debía beberse por ambas partes, cada una por su asa correspondiente, en símbolo de sumo compromiso y alta traición en caso de incumplimiento de lo pactado.
Cuentan que el sabio aborigen Hupalupa después de repetidas advertencias a Hernán Peraza, Conde y Señor de la Isla por aquellos tiempos, se cita con el joven guerrero Hautacuperche en la Baja del Secreto para concebir la venganza por el honor mancillado de su querida Iballa, novia prometida a éste, y por la ofensa de la relación entre hermanos de linaje, iniciando la famosa ‘Rebelión de los gomeros’ (eso era allá por el 1488). Parece que Hernán Peraza había incumplido el pacto de colactación del cantón de Ipalán al que pertenecían tanto el Conde como la bella princesa aborigen, considerándoseles por ello como si fueran hermanos de sangre. Es decir, cuando Iballa sucumbe a los amoríos de Hernán Peraza, su afrenta incestuosa viene a colmar toda una serie de agravios que el castellano ya imponía a una isla que no había conquistado sino pacíficamente, gobernando en ella por acuerdo con sus naturales isleños, entrando a formar parte de su linaje en virtud de dicho pacto de colactación, lo que imponía toda una serie de compromisos y obligaciones a ambas partes y que Hernán se empeñaba en no respetar. “¡Ya el gánigo de Guahedún se quebró!” gritaban y silbaban silabeando por las montañas gomeras. El gánigo del acuerdo sellado se quebró y Hernán pagó con su muerte semejante ultraje. No importaba que fuera hombre casado con Dña. Beatriz de Bobadilla y Ossorio, sino su atrevimiento por no respetar una de las reglas inquebrantables de pacto de colactación. Así, aprovecharon una de sus repetidas incursiones en busca de su amada Iballa para que en el paso de Aguedun (donde ahora dicen Degollada de Peraza) emboscarle, ejecutando Hautacuperche la muerte prometida en la Baja del Secreto.
Pero ahí no quedó la cosa, pues los aborígenes envalentonados con el fallecimiento de Hernán Peraza, extendieron la rebelión hasta los dominios de La Torre defensiva de San Sebastián. Allí se refugió la Bobadilla, viéndose sitiada por las huestes de Hautacuperche, que hacía gala de notable valentía y agilidad para esquivar flechas y lanzas delante de la guardia castellana. Parecía no haber forma alguna para darle caza, lo que enardecía a los gomeros y alimentaba su aura de guerrero invencible, su baraka, lo que les llevaría a una victoria segura. Hasta que organizaron desde La Torre una treta para distraerle lanzándole más flechas desde las almenas mientras asomaba por una tronera inferior otro arquero que de manera muy disimulada disparó al guerrero por el costado sin que se diera cuenta, alcanzándolo sin remisión.
Herido de muerte Hautacuperche, se sembró el desconcierto entre sus tropas y el hechizo de una victoria libertadora se deshizo como el humo. Los gomeros terminaron por huir en desbandada, creyendo que con ello se daba por saldada la batalla. Sin embargo, Dña. Beatriz (personaje literario donde los haya, aunque por desgracia pobremente aprovechado hasta ahora en nuestras letras) pidió ayuda a Las Palmas. Más tarde, reforzado su poder militar, toma venganza de la muerte del Conde (así como de la magnífica cornamenta que le había quedado) apresando a muchos gomeros para venderlos como esclavos en los puertos de Sevilla y Valencia. De nada sirvieron los silbidos de aviso en la distancia para el escape o los intentos de conseguir represalias más leves para ellos. La señora condesa no acostumbraba a templar gaitas y no quería saber de más levantamientos en sus dominios, lo que, por otro lado, también le proporcionaba pingües beneficios.
Leí hace poco la novela de García Ramos, “El guanche en Venecia”, y las pinceladas que de esta mujer allí se ofrecen, han redoblado mi interés. Ambiciosa y muy bella mujer, siempre en el centro de las intrigas del poder y de la vida cortesana de la época. El Rey Fernando, la Reina Isabel, Hernán Peraza, Cristóbal Colón, Fernández de Lugo… Menuda mujer. Dicen que murió envenenada por tierras peninsulares, pero como eran muchos los enemigos, a saber quién fue. También dicen que la misma Isabel nunca la perdonó, molestándole no sólo aquellos deslices con el Rey, y que motivaran el destierro de tan alta cortesana a las islas atlánticas recién conquistadas, sino su posterior pretensión de hacerse con el gobierno estratégico de todas las Canarias, en un momento en que actuaban como necesario nexo para el flujo americano.
Les mando, pues, mensaje a los tortolinos para que no dejen de pasarse por los alfares de Chipude, pero luego me entero que no pudieron ir por allí. Lástima, otra vez será. Espero que no se hayan olvidado del gomerón que también les encargué. No sé cuándo se inventó tan exquisita combinación de miel de palma con parra, pero de haber existido cuando los tiempos de Dña. Beatriz, seguro que se le habría ablandado el corazón, contentándose con que, como desagravio a lo sucedido, sus aborígenes la tuvieran siempre bien aprovisionada de semejante elixir.

domingo, 21 de agosto de 2011

Cotidianas de maresía y ventolera (iii)

Despierta la plaza de Las Tórtolas con sus arrullos matinales. El sueño se va con las primeras luces. Bajo al súper, desayuno bivalvo de pan y prensa. Anoche pies cansados de estar viendo firmes la Muestra de Folklore de los Pueblos. Allí, al borde de las escalinatas para tener mejor panorama del anfiteatro de la plaza de Los Príncipes. Sí, estamos en el pueblo de las plazas, los paseos y las playas, Roja, Galicia, Picacho, Jaquita, Los Martínez, Pelada, Las Tablas... Allí, cambiaba mi peso de un pie a otro para aliviar, pero nada, no había forma. Y el director del grupo mallorquín en plan pedagógico. El pueblo aplaude vigoroso, al encuentro de sí mismo en sus pluralidades más festivas. Pueblo de estas peñas, pueblos cosaco, boliviano, mallorquín… Pueblo horizontal o vertical, según se vea en su lozanía o en su raigambre. ¡Qué más da! Pueblo polícromo, representado, escenificado, coreografiado… La apoteosis y el esplendor en su infinita variación y todos a una en los aplausos. El momento de congraciar, de reconocerse, de sentir que somos algo más. El empalago gratuito de escuchar una y otra vez tradición, costumbre, modo de vida, rescate, salvamento, reconquista… Folk, folk, folk. El pueblo solo encuentra grácil los restos del naufragio, la tragedia cotidiana. Y yo cautivo de mi dolor… de pies.
‘El mar es una butaca de cuero con brazos de madera’, según el particular diccionario de “Canino”, la peli del griego Yorgos Lanthimos. –No te quedes de pie. Siéntate en el mar para charlar tranquilamente conmigo. –Decía la voz, a modo de parádima. El mar, me digo, era confortable ayer, mullido y fresco como nunca antes. Me abrazaba y protegía, pero al tiempo toqueteaba y su madera acuosa tomaba cuerpo. Sentía sus brazos y dedos sorprendiendo mi sexo, avivándolo, excitándolo… enervándolo. Me acosté en él y encontré sueños anacarados, filtrando riquezas de corrientes ajenas. Aquellas que traían aguas desvergonzadas del norte en su rumbo a los caribes, buscando ya tibiezas olvidadas. Alegrías de un mundo que ahora sólo recuerdo a través de esa pintura naif de la pared. Una apretada escena de mercado multicolor, con sus mujeres atareadas, con fardos a cuestas y puestos de frutas y verduras. Y dos camiones atrapados en el tumulto, un enorme Chevrolet rojo que lo llaman ‘Rambo I’ y un Ford azul llamado ‘Men Lavi Timal’. Rodeando al mercado, una línea de casitas de adobe con techos pajizos, al fondo, una escena de trópico con árboles y palmeras, mar en calma con barcas de vela fondeadas y grupos de gaviotas revoloteando, recortadas contra la gama de azules y ocres que se entremezclan tras unos cúmulos ingenuos y portentosos en la línea del horizonte. Entre el verdor de los árboles destaca el naranja de un gran flamboyán en flor, formando una extraña cara, el inefable lado siniestro del paraíso. Todo parece tan lejano.

viernes, 19 de agosto de 2011

Cotidianas de maresía y ventolera (ii)

Frente a mi terraza, una jovial algarabía se da cita todas las tardes. Me asomo. Corren. Esta vez juegan al balón los mayores, mientras las bicicletas descansan recostadas contra la escalinata. Los más pequeños se mueven entre los módulos de suelo acorchado. Los columpios, el tobogán de acero refulgente, el delfín cabalgante, el esquelético barco pirata, el tubo mareante... No importa si suben o bajan, si dan vueltas como locos. El puñado de padres y madres se reparten, atentos, por los muros cercanos. Las voces y gritos rebotan en los edificios que rodean la plaza y me llegan con aires de eco. La tarde se apacigua con sus tonos cálidos y el frescor del mar se deja sentir en la brisa. No sé en qué descuido pude clavarme el puñal de pesca que limpiaba con esmero. Miraba, sí, esa es la razón, los miraba alegres y despreocupados. El frío acero va deslizándose poco a poco bajo la piel, cortando carnes y vísceras. Y el aire… el aire atravesado en mi garganta; el grito sordo de los adentros. La sangre brota y redime todos los pecados. No sé qué clase de pensamiento cruzó mi mente, en esta plácida tarde de salitres dulces y ásperos. Como sueño de cangrejos blancos saliendo a borbotones de las cuevas de Bocinegro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Cotidianas de maresía y ventolera (i)

Un estruendo de pavos y otras aves de corral cacareando por atrás. Voces desde la lejanía sin acabar de entender el qué. La arena yace hoy llena de piedras. Piedras sabiamente equidistantes en el capricho de las corrientes y su aparente dulzura de arribada a la orilla. Cuerpos flácidos y cuerpos fibrosos las recorren, esquivándolas. Ancianas, rechonchos, bajos, altas, calvos, depiladas, engreídos… Cuerpos de toda índole, en su infinita variabilidad y combinatoria. El lenguaje de los cuerpos se impone por encima de las vacuidades habituales; sus máscaras sociales más refinadas, hábitos, convenciones… La marea va y viene con su arrullo acostumbrado. Reclama viejos dominios, pero seguimos ahí, en la senda de los elefantes, a la espera. La cadencia de los cuerpos no se puede esconder, muestran inevitablemente su verdadera naturaleza, los pesos que cargan, y pienso en ello. Su expresión es siempre clara para quien quiera saber mirar. Nada, no importan emplastos, siliconas, tatuajes ni demás textiles en sus afanes por cambiarlos o camuflarlos. Es más, pienso que con eso sólo consiguen hacerlos más visibles aún, más locuaces en su querer decir, más desnudos y expuestos. Una verdad sin remisión, sin recovecos ni ambages. Me gusta verlos e imaginar cosas a partir del compás de sus movimientos. Caminan, deambulan… se solazan entre aires y luminosidades, hablando de sí mismos, absorbiendo y filtrando energías vitalicias como extrañas esponjas de aguas oceanas. Caminan y ofrecen su lenguaje particular, su fraseo gestual de vidas a punto de descarrilar; la perpetua exquisitez de la esquizofrenia humana. Nada nuevo, desde luego, pero todo parece que queda en suspensión cuando esas mujeres esbeltas se deciden a quitarse sus ropajes de litoral, cuando alzan sus brazos, cruzándolos, mientras arquean sus cuerpos durante el difícil tránsito para liberarse de ellos por la cabeza. Ah, memorable instante para el delicado embeleso, como de beldad clásica nunca antes esculpida ni retratada por artista alguno. Hasta que el soplo de la embriaguez pasa y todo regresa a mis usuales cavilaciones, taxonomías, caprichos orgánicos, nostalgias… Elucubraciones de pejeverde por la orilla del mar.

jueves, 28 de julio de 2011

El pueblo ante las geometrías del vórtice vizcaíno



Desde el primer día mi hija Nora se muestra encantada con Bilbao. Recién llegados desde el aeropuerto nos topamos con el Guggenheim una vez salidos del túnel. Grata bienvenida, quizás excesiva. Pasando el museo aparece el perro de flores, y Nora comenta al verlo --¡Qué boniiito! ¡Decidido, me vendré a vivir a esta ciudad! --Otro día, al cruzarnos con un señor mayor con chapela, me dice –¡Qué bonitas son esas gorras! Sí, me gustan mucho. --Hoy, sin embargo (ya llevamos varios días), no se mostraba tan conforme con este tiempo siempre lluvioso.

Cuando visitamos el Guggenheim paseo hasta el final de las esculturas de Richard Serra. Son realmente desconcertantes los juegos de equilibrios y geometrías a los que te someten esas grandes láminas de hierro curvado; el juego de cortes de unos bordes con otros y contra las propias líneas del museo donde se encuentran, contra sus paredes y techumbres; el juego de ecos por los estrechos pasadizos que hay entre ellas; el misterio de no ver más allá de un par de metros por sus curvaturas y sinuosidades... En fin, una vez llegados al fondo de la estancia, como decía, me encuentro una pequeña sala con audiovisual de entrevista a Richard Serra. En ella comenta que lo que hacen los arquitectos no es arte, que el arte no busca la funcionalidad y los arquitectos siempre están condicionados por ella. Lo que ocurre, continúa, es que hoy en día los tenemos demasiado entronizados, y ellos se lo han creído. Curioso, que diga eso precisamente en este museo emblemático de Frank Gehry, más considerado una escultura (o sea, arte) que un edificio museístico. Además, añade, mi amigo Frank estaría de acuerdo con lo que digo.
No sé, recuerdo que Jesús me leía a Unamuno antes de venirme para aquí, y me señalaba unos párrafos sobre un diálogo que mantenía con otro acerca de lo que era arte y quizás podría estar de acuerdo con Serra. Sin embargo, esas líneas, ese brillo metálico que supo encontrar Gehry… parece que quieren volar más allá.

Volar sí que volaban los cuervos de hoy. Día de cuervos en nuestro periplo por la costa norte. Nunca vuelan alto los cuervos, así se hacen notar adonde quiera que van. Nos desviamos hacia Getxo y pasamos de largo hacia Plentzia, luego vendrán Bermeo, Mundaka y Gernika. De camino, bajamos hasta la peña de San Juan de Gaztelugatxe. Encantador paraje de la costa rocosa, buen motivo para estirar las piernas por su estrecha vereda. Dicen que tocar tres campanadas aquí y encomendarte al santo te ahuyentará toda enfermedad. Así lo hacemos, que nunca se sabe. En el interior de la ermita se palpa su consagración a las gentes del mar, altar, cuadros y techumbre plagado de barcos y escenas marineras. En Bermeo almorzamos y yo me pido un buen trozo de bonito del norte, a ver si me recupero del trayecto sanjuanero. Quizá esto también ayude a alejar enfermedades.
En Gernika me recorro el Parque de los Pueblos de Europa, con esculturas de Eduardo Chillida y Henry Moore, entre otras. Nos acercamos a la Casa de Juntas, donde se encontraba el legendario árbol. Como al Garoé, también le llegó su hora, conservándose solo un trozo de su tronco bajo un templete circular. Lo toco y no siento ninguna extraña sensación o vibración ancestral, solo el esqueleto carcomido de lo que alguna vez fue o ni siquiera eso. Cuando salíamos de aquel Parque me llega una visión, como de aquelarre. Me acerco, es una bella dama que desnuda eleva sus brazos al cielo mientras unas llamas le suben por las piernas. Es una escultura que pone ‘Monument Aux Martyrs D’Oradour’, donado por la Sra. Nicole Fenosa.
Seguimos hacia Kortezubi, al encuentro del Bosque Pintado de Ibarrola y la cueva de Santimamiñe, pero llegamos demasiado tarde. Hasta la cueva son como cuatrocientos escalones y hasta los árboles de Oma, unos cuatro kilómetros y medio. Lo intentamos con Ibarrola, pero a la media hora de camino nos dicen que todavía nos queda otro tanto para ver los primeros troncos pintados. Uf, se nos haría de noche a la vuelta, tenemos que dejarlo. La refutación a las disquisiciones de JMª en su libro quedarán para otra ocasión. Allí hablaba él de geometrías, perspectivas y puntos de fuga en relación con la ausencia de modernidad artística. Nada, el otro día me pasó algo parecido con el Peine del Viento en Donosti. Tampoco llegamos allí por el temporal de lluvia y viento que hacía, aunque, por otro lado, habría sido el mejor momento para oír silbar a esas barras de fierro, retorcidas y hercúleas.
Si Oteiza buscaba el vacío geométrico como característico del ser vasco, y Chillida lo encontró, incluso, más allá de estas montañas, yo casi que también me voy de vacío si no fuera por el Nervión y sus alrededores, incluida la Ría con su puente y barquilla colgante en Portugalete. En su base, una pequeña tienda de souvenirs, y en un estante un ron cubano. Joder, Ron Caney-Añejo Centuria. Y alzo un chupito leyendo otro fragmento de Juan Antonio de Zunzunegui:

“Bilbao es hijo del agua y del hierro… y el puente su dintel. Aún no estaban las aguas del puerto sujetas a domesticidad… cuando ya se alzaban las cuatro torres arriostradas del puente y entre ellas se extendía su esbelta pasarela”.

Periplo norteño por algunos de los principales tótems vascongados; tótems de arte, industria y naturaleza, geometrías de una tierra en la encrucijada. ¿Acaso hay algo más moderno? Quizás, JMª debiera sumarse al homenaje del ‘Arte de la fuga’ de J.S. Bach, al igual que su compañero generacional Patxi, en la Catedral. Aunque eso contrariara en demasía a su querido hermano, todo un consumado devoto de Wagner, como ya sabemos.

Mención aparte merece la nube de conexiones, puentes, desvíos, escalectrix, pulpos con carriles-tentáculos que cruzan, bajan, suben… en todo lo que rodea a la conurbación Galdako-Basauri, Bilbao-Barakaldo-Santurtzi y, al otro lado de la Ría, Leioa-Getxo, junto con todo lo que rodea al aeropuerto de Sondika, Derio-Zamudio-Lezama. Es como en una Nueva York reconcentrada. Uf, sólo contarles que a los diez minutos escasos de haber alquilado el coche, y ya contentos por habernos situado en la city (a partir de ruta conocida de la guagua L77 y de Plaza Moyúa, que es como La Cibeles de Madrid, o Plaza Cataluña en Barcelona, rotonda universal del dibujo urbanístico del ensanche bilbaíno a donde todas las grandes avenidas confluyen como rayos de una trama soliforme y culto a la luz que nos ilumina nuestro devenir), se nos ocurre seguir por la avenida de la Diputación Foral, muy engalanada ella en aquel día, cuando de pronto nos para un coche de la policía. Nos dice que si no sabemos que esta calle es de acceso restringido solo a vehículos oficiales y de servicios públicos (como nuestra guagua, claro). Oh, en mala hora, y nosotros tan contentos dirigiéndonos al Arenal tan querido por conocido y cercano a Miraflores. –Perdone agente, es que somos unos magos del sur isleño, con solo diez minutos de conducción autónoma, y que de vez en cuando picoteamos las grandes cities de este mundo mundial. Mil perdones por este delito de la ignorancia y del incivismo más profundo… Y el agente, en su inspiración más solar y luminosa (como corresponde a la geometría de esta ciudad), nos perdonó. ¡Hala, agur!, que ya no volveremos más por aquí con este flamante deambular.

Me dice JMª que en Miraflores estoy muy periférico y hasta marginal, que este barrio era de gitanos y no sé cuánto más. Pues sí, completamente de acuerdo; periférico y del margen del margen, africano, vamos. Y gracias a eso entramos y salimos hacia la autopista A8 sin dificultad. Nada de calles con acceso restringido, direcciones contrarias y desaparcamientos varios. Para esa parte, siempre peatonal a Dios gracias.

lunes, 25 de julio de 2011

Desde la variante ovoide del Arenal

Instalados en Miraflores, a la vera del Nervión y cerca del puente Miraflores-Larreagaburu, con su inmenso y característico arco de hormigón bajo el que vivían unos marroquíes hace un tiempo (recuerdo reportaje). En la capital isleña este nombre de Miraflores nos trae tiempos del viejo Santa Cruz, pero aquí es una moderna zona de edificios cúbicos, subiendo la ladera a continuación de Atxuri. Bajamos y subimos Atxuri a diario, y de camino siempre veo un cartel con flecha que indica Hotel Sirimiri. No sé si significa lo mismo en euskera, pero en mi tierra le llamamos chirimiri a la lluvia fina, la misma que nos cae a ratos por aquí. Una fina cortina de agua que no llega a molestar, a poco que te cubras con algo impermeable. En Aguere sabemos algo de eso. La temperatura, sin embargo, es ideal (de unos veintipocos). Nos hace mucha gracia los necesarios paraguas (por lo que se ve) para tender la ropa. Los vemos colgados de cuando en cuando en las traseras y fachadas laterales de los edificios, permanentemente abiertos y sin mástil ni empuñadura por donde cogerlos, con las ropas tendidas desde sus varillas.
Nos adentramos por la zona vieja, donde nos topamos con la plaza de D. Miguel de Unamuno, con cabeza esculpida al final de columnata que mezcla estilos clásicos, corintio y jónico a la vez. Allí está él rodeado de góticos que pareciera tengan en ese sitio su congregación semanal. Y seguro que contento, pues así se mostraba él también de diferente, intelectual y trágico. Continuamos callejeando, dejándonos llevar por su ambiente concurrido y lozano, con sus innumerables tascas y bares de picoteo, atiborradas de vascongados dichicharacheros. Igual ocurría bajo los soportales de la Plaza Nueva, a la que llegamos por pasadizos inesperados. En la catedral de Santiago me llamó la atención los retablos barrocos, de madera policromada y grandes columnas salomónicas profusamente decoradas. En uno de ellos, el de San Diego, encuentro una alusión a Santa Teresa de Jesús y me acuerdo de las conversaciones de Jesús en radio Tijuana-La Puerta. Jesús hablaba una vez de la vida de los santos, de sus estados de éxtasis, de las drogas y sus efectos, etc. Según texto explicativo del retablo, en el ático hay óleo dedicado a Santa Teresa que recoge su estado de ‘transreverberación’. Joder con la palabrita. El cuadro está muy oscuro y apenas se adivina las figuras que lo componen. Santa Teresa parece postrada, con expresión algo traspuesta y rodeada de acólitos que imaginan la intensa experiencia de abandono terrenal. De pronto, el órgano de la catedral (que no el de la santa) nos invade con sus bellas entonaciones. Se trata de un concierto en honor a Bach. La mayoría de los parroquianos y curiosos portan libretos del evento, y los consultan con devoción. “Fuga (Allabreve) en si bemol mayor sobre el nombre de B-A-C-H” de Johann Ludwig Krebs, “Fantasía y Fuga en sol menor” de Felix Mendelssohn Bartholdy… Y así hasta la nota local: “Contrapunctus XIX” de Patxi García Garmilla (Bilbao, 1956), que al parecer va de variantes cromáticas y diferentes temas de “El arte de la Fuga” BWV 1080 de J. S. Bach. En fin, más de la alta cultura bilbaína, que no sé si a JMª se le escapó en su libro. Seguiremos leyendo.

"La Ría es la columna vertebral de Bilbao. Las minas de Somorrostro y Ollargan hicieron la Ría y la ría da origen a Bilbao..." (Juan Antonio de Zunzunegui). La Ría todavía no la conozco, pero sí al Nervión en su culebrear previo. Uno de esos últimos coletazos da lugar a la llanura del ensanche bilbaíno hasta que ya no tuvo más remedio que trepar por las vertientes del cauce fluvial. El moderno, comercial y ahora muy museístico, frente al casco viejo, cruzando por El Arenal. Por allí, por El Arenal, gustaba pasar JMª, según dice en su Vasca Cultura..., a paraguas y diario adherido. No sé si en aquella época setentera, a la que se refiere, existía ya la escultura de Oteiza que ahora encuentro yo frente al Ayuntamiento. No sé si su Arenal habrá ganado o perdido con ello, pero viendo una foto aérea de hace unas décadas, me temo que sí, que algo sí ha cambiado en esas arenas que otrora se llenaran de embarcaciones varadas."Variante ovoide de la desocupación de las esfera", nos dice Oteiza que es su escultura del Arenal.

domingo, 24 de julio de 2011

Por el vórtice bilbaíno

Después de un par de semanas bastante olvidado de este blog, espero recobrar el impulso. Y nada como la disculpa de unos días de viaje; un diario de impresiones y algún que otro recorrido colorista. No será la primera vez, ni la última.

Al fin volamos. Adiós a la isla-paréntesis de Aldecoa; a la isla-jaula, según me contaba una vez mi amiga del sur. Dejamos atrás la isla-triángulo, como digo yo, rodeada de nubes, al norte y al sur; asomando su triángulo mayor, su pirámide-cúspide y su jardín pinacular. El área capitalina queda escondida por el mar de algodón. Los barrios de La Cuesta y La Maldad no se ven. Lástima, tenía curiosidad por ver al Súper Chicha desde aquí arriba, con su brazo extendido a lo Mazinger Z. Cajonera City tampoco se ve, pero imagino lo que sucede allá abajo en esta mañana triste para algunos de los que conozco de aquel Parnaso.
Volamos. Dejamos atrás el Atlántico y avanzamos por tierras lusas. Hay un gran estuario en la desembocadura de un río sobrio y oscilante, y una ciudad que se expande por todo ello. ¿Será Lisboa y será el Tajo ese río? No sé, pierde uno demasiadas referencias asomado a estas pequeñas ventanas de Boeing 737, a diez mil metros de altura. En la llanura de aluvión que bordea al río se ven numerosas parcelas agrícolas con toda la gradación de colores que van del verde clorofila más intenso hasta el pardo más agostado. Las viejas formas rectangulares compiten con las circulares de las nuevas técnicas de riego. Algunos círculos no se completan y adquieren dibujos que me recuerdan a aquellos comecocos de los ochenta.
Seguimos rumbo al norte, grandes extensiones parduzcas y grisáceas y, de vez en cuando, grandes pantanos que extienden sus formas azuladas por cuencas alargadas; con ramificaciones principales y adyacentes; con bordes quebrados, dibujando extraños animales, monstruos psicodélicos, tentaculares. El Boeing cambia de rumbo, hacia el noreste, y la gran meseta peninsular aparece abajo, mayormente pajiza, pero salpiqueteada de marrones y verdes. Magnífico pixelado de una anodina geografía, de horas de camino a la sombra de la repetitiva canción de las chicharras.
Continuamos. Anuncian el descenso a Bilbao. Los villorrios asoman entre nubes y manchas de verde oscuro cada vez más frecuentes. El Mar Cantábrico nos espera en lontananza y apenas he comenzado a leer Vasca Cultura de Altura, un libro de nuestro amigo y compañero tertuliano JMª. Le había preguntado hace unas semanas por un libro para ir ambientándome en este viaje a Bilbao y territorios anejos. No recordaba ya que tenía pendiente este Retorno estético a Oteiza e Ibarrola. Nada mejor para abrir boca en este viaje, 206 páginas (no sé los centímetros) de puro repaso vascongado.
Nos recibe una terminal no muy grande pero de puro costillar Calatrava. Una estructura blanca rematada de cristalería. Por los pasillos no veo nada de ese habitual bombardeo de imágenes; el tour de exotismo prefabricado. No, este País todavía no se representa y escenifica de esta manera, lo que es de agradecer. La saturación de imágenes entra por otras vías, pero no hasta el punto de verte en una historia que parece que ya te han contado hasta el final.
La aproximación al sitio donde reservamos la hacemos en guagua, como si fuéramos locales. Bueno, hasta uno que sí que lo era, pero despistado, me preguntaba a mí que dónde estaba no sé qué. --No no, no sé. --Le dije. Y él mirándome raro, como pensando que no quería colaborarle. Y yo con ganas de decirle ¡Que no, chaval, que es mi primera hora de estancia por estas tierras! Nada que ver con el camarero del bar al que entramos mucho más tarde, ya de noche. --¿Podemos coger esta mesa libre? –Le pregunto. –Sí hombre, ¿para qué, para llevártela? Ja ja–No no, le digo que si está libre, ja ja –¡Joder con estos canarios! ¿Qué, acabáis de llegar de las islas? –Sí sí… --Nada, reconocidos a las primeras de cambio. Luego nos enteramos que él había estado trabajando unos años por allí. Le pregunto dónde, y va y me suelta que en Las Galletas. ¡Joder, qué mundo!
Esta gente del vórtice es muy simpática con los foráneos y muy dada a echarse unos chatos en las calles, de tertulia nocturna, y... no sé qué más... porque nos vamos. Ya estamos hechos polvo. Joder, nos levantamos desde las cinco y media.

Mañana más, si es que vuelvo a tener un momento de conexión a la gran red.

lunes, 18 de julio de 2011

Consideraciones en la resaca de una noche de debate

Por fin plenamente integrado al mundanal ruido. Durante el fin de semana tuve un par de breves incursiones en los blogs amigos, haciéndose eco del encuentro del pasado jueves en Librería Cabildo. Parece que la Mesa Redonda G21 ha vuelto a remover conciencias y opiniones. Sin duda, es la mejor carta de presentación de Ánghel Morales, y ahora también un poco nuestra (de JMª y mía, digo), al menos como colaterales y momentáneos. Ya eso me parece un gran triunfo. No creo, Ánghel, que ahora debas meterte a defender tu proyecto a capa y espada porque tus logros son más que evidentes. No, no creo que se trate de eso, de socavar esa apuesta, sino de abundar en las aguas que afortunadamente se removieron (que removiste). Por ahí, quizás, avancemos. Y, Jesús, no te sientas tan desplazado; si hay obra, tendrás tu momento. El proyecto G21 tiene solidez suficiente y avanza, tú lo sabes mejor que nadie, Ánghel, esa es tu función como editor y la sabes cumplir bien (a no ser que te quieras convertir también en crítico literario). Sin embargo, no podemos ser inocentes (hace tiempo que dejamos de serlo) ni desde el punto de vista creativo, ni desde el punto de vista de la reflexión o la crítica. Por mi parte, en la narrativa de Canarias veo muchos valores, pero también encuentro problemas, dudas, interrogantes... no exclusivamente por G21 sino más allá, en relación al conjunto del actual momento narrativo. Ese es un reto que merece la pena abordar.
En cuanto a las 'generaciones' en literatura (me parece que no me expliqué bien en el comentario a la entrada de Jesús), hay toda una discusión teórica que no podemos obviar una vez metidos en estas lides. No se trata de una cuestión anti-G21, nada más alejado de mi intención. Lo que no podemos es dejar de considerarla, porque está ahí. Así de simple. Por último, tampoco creo que esta discusión 'generacional' la vaya a resolver yo ahora, ni mucho menos, pero sí tenerla en cuenta para nuestro propio debate de la historia narrativa de estas islas.

sábado, 9 de julio de 2011

Estadio Azteca

Prendido
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.
Apretando los dedos, agarrandomé, dándole mi vida,
a ese para-avalanchas.
Cuando era niño,
y conocí el estadio Azteca,
me quedé duro, me aplastó ver al gigante,
de grande me volvió a pasar lo mismo,
pero ya estaba duro mucho antes...
Dicen que hay,
Dicen que hay,
un mundo de tentaciones,
también hay caramelos
con forma de corazones...
Dicen que hay,
Bueno, malo,
Dicen que hay mas o menos,
Dicen que hay algo que tener,
y no muchos tenemos...
y no muchos tenemos...
Prendido,
a tu botella vacía,
esa que antes, siempre tuvo gusto a nada.

"Siempre estuvo iluminada. Fue un momento de inspiración muy especial de Marcelo Scornik, el Cuino, y también de la música. Es una canción que dice mucho más de lo que parece. La letra es misteriosa, no se puede explicar. Cuenta la historia personal de Marcelo pero, a través de él, la de toda la Argentina. Habla del exilio, de la muerte, del fútbol, de los hinchas, de la droga, del corazón que tenemos y que no tenemos. Es una canción muy importante." (entrevista a A. Calamaro)

La primera vez que escuché esta canción (corría el 2007) fue en ese mágnífico directo de "Dos son multitud". Calamaro&Cabrales/Fito&Andrés en un fértil cruce de caminos para el rock en español. Pero entre todas aquellas canciones destaco ésta. Como bien dice el propio Calamaro, la letra es misteriosa y no se puede explicar. Muchos identifican esa historia con la de Maradona, Andrés dice que es la de Marcelo Scornik... Pero lo cierto es que de alguna forma podría contar cosas de la biografía de muchos otros, atrapando una escurridiza manera de entender la vida. Ese es su misterio y su fuerza.



"Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor." (Calamaro, en 'El Regreso')

Recuerdos a una tal SGAE.

jueves, 7 de julio de 2011

Lecturas y relecturas (iv)

El Flamenco comenzó a contabilizar los palitos y cuando llegaba a doce ponía una coma. Luego continuaba contando a partir de la coma y ponía una estrella o dos estrellas según conviniera al número resultante. En cada una de las otras agrupaciones de palitos hacía lo mismo y, al final, encontró la combinación de estrellas que buscaba.
--Una, dos, una, dos, dos. –Repetía varias veces en una extraña letanía entre dientes para no despistarse. Se fue a la gran cuadrícula y…
--¡Merde! Qu'est-ce que il est passé ici? ¿Qué coño merde había aquí?
--¡Coño! ¡Esto estaba mojado o qué! --Exclamé yo.
-- Ceci n'est pas possible. Este libro es único, y ya se me mojó todo esto. Y la culpa la tengo yo por abrir esto aquí, en cualquier sitio. Me cago en la puta merde esa.
Allí estuvimos secando con servilletas todo lo que se había mojado del cuadro. La tinta se había corrido un poco, pero logramos que no se extendiera más y tomamos mayores medidas de precaución para ver en dónde volverlo a extender. Una vez vuelta la normalidad, lo que costó otro par de cervezas, comenzamos a ver el modo de establecer el punto de conexión entre la fila de la pregunta y la columna de aquella combinación repetida no sé cuántas veces.
--¿Cómo era lo de las estrellitas esas?
--Una, dooss… A ver los papeles essoossss ¡Cojones! Todo por culpa de esa merde.
--Caarma, caarma, que aquí losshs tienes. ¡Jodeel!
--Esso eshss… Una, dossh, una, doss, dosshs. –Luego, su dedo bajando por esa misma columna, y el mío, cruzando de izquierda a derecha por la fila de mi pregunta, se unieron en un mismo punto; en uno de esos recuadros de la gran retícula de figuras simbólicas que componía aquella maltrecha sábana de papel que escondía el libro en sus entrañas.
--¿Qué salió? ¿El arado?
--Sí, sí, creo que eso es un arado. –La emoción del momento comenzó a embargarme. No creí que albergara tantas expectativas en esta consulta, más bien creí que se trataba de mera curiosidad, una manera más de pasar el tiempo de copas… Pero me equivocaba. De pronto sentí ese enorme hueco entre la respiración; esa especie de tensión que sólo crea el despertar de la adrenalina; la espera en alerta disfrazada de pasatiempo y risas.
--Puesshs nada, vamos a vel. –Después de volver a plegar con sumo cuidado el gran cuadro, El Flamenco comenzó a buscar por el resto de páginas de aquél libro hasta que se encontró con las de la figura del arado.
--Eso esh. A ver, a verrl… --El Flamenco recorría lentamente con el índice de la mano izquierda el listado de combinaciones, hasta que…
--Aquí están esas estrellas ¿no? Una, dos, una… y doss, y dosshs. ¿No?
--Sí, sí. Eso esshs.
--Pues esa esshs tu resshs... puesta:

“Se ofrecerán impedimentos que no puedes ni aún soñarlos”.

No sé cuánto segundos pasaron, pero los suficientes como para que aquella nube alcohólica se disipara totalmente. El abismo se abría por momentos a mis pies. El mal agüero de hace unos segundos, confirmado. No sabía bien cómo encajar aquella frase del todo inesperada. Una frase ciertamente inquietante.
--Joderrr, qué respuesta te ha salío.
Silencio, asombro.
Adiós al reposo del inocente ignorante, ‘se ofrecerán impedimentos que ni soñabas’.
--¡Merde! Sí, impedimentoss que ni soñabas, pero no dice nada de qué coño clase de impedimentos; si grandes o pequeños, si salvables o insalvables… Y además, ¿a qué coño clase de empresa te referías, tío? No sé, igual aquí se refiera a alguna que no sea tan importante…
--Sí, ya… es un consuelo, Flamenco. ¡La cuenta, por favor!

miércoles, 6 de julio de 2011

Lecturas y relecturas (iii)

Sigo leyendo y veo las preguntas y respuestas que de su puño y letra anotó Napoleón en una de sus hojas en blanco. Preguntas y respuestas de El libro de los destinos que demuestra el gran acierto y el afán por saber de su futuro así como la búsqueda de alguna certeza que reforzara sus determinaciones. Preguntas de Gran Hombre, respuestas de cauta sabiduría para encontrar luz al final del túnel.
Se hace eco también de algunas noticias sobre los oráculos más famosos de la antigüedad, como la recogida para el, quizás, más famoso de ellos, el oráculo de Delfos. Se cuenta que hasta allí llegó Alejandro cuando todavía no era Magno, sino antes de partir hacia tierras persas, en esa expedición que terminó por llevarle hasta la gran India. Llegó, sin embargo, un día en que la pitonisa tenía prohibido subir al santuario para proceder a obtener alguna profecía del dios Apolo. Alejandro que nunca fue hombre de mucha paciencia, comenzó rogando a la pitonisa que entendiera su urgencia, pero ante su reiterada negativa terminó por tomarla del brazo, sacándola de su celda y forzarla a que se sentase en el trípode. Ella, al verse llevada por la fuerza hacia el santuario, terminó por exclamar: “Hijo mío, tú eres invencible”. Alejandro al oír estas palabras se sintió totalmente satisfecho, tomando la frase como expresión de los dioses para confirmarle su disposición de conquista hacia Persia y más allá, por toda el Asia conocida.
En esta clase de lectura andaba yo cuando otra vez de improviso cayó el pesado brazo del Flamenco sobre el libro, cerrándolo de golpe.
--¡Joder, Flamenco!
--Ni jooder ni joodeer. –Era evidente que las cervezas comenzaban a hacer su efecto y también la natural propensión de su carácter a imponerse por las bravas en lo que consideraba su terreno. --¿Quieres que te encuentre… oohpss… la respuesta a alguna de tus preguntas… o qué?
--Joder, Flamenco, pues claro. Pero coño, ya medio bebido, no sé si vas a atinar.
--¡Cómo! ¡Yo este libro lo conoss…co como la palma de mi mano! Venga, déjate de mariconadas. ¿Quieres saber o no quieres saber?
--Quiero.
--Poss… bueno. –Y abriendo hacia la mitad del libro, encuentra una gran hoja doblada en ocho partes, que al desplegarla se extiende por casi un metro cuadrado, y en el cual aparece una gran cuadrícula de signos extraños. Fijando mejor la vista, muchos de ellos parecían reconocibles, como si fueran los signos del horóscopo, y algunos otros como una careta, una lira, una pirámide, un puñal, un arado… y no sé cuantos más. Cada uno de ellos se distribuían de forma diagonal en las celdas de la cuadrícula. Al comienzo de cada fila había una pregunta, haciendo un total de 32, y al comienzo de cada columna había distintas combinaciones de una y dos estrellas hasta hacer también un total de 32. En la esquina superior izquierda aparece el rótulo: “Preguntas que podrán hacerse al Oráculo”, y un subtítulo que dice: “para las cuales se encontrarán respuestas análogas siguiendo las instrucciones dadas”.
--¿Y cómo funciona esto, Flamenco?
--¡Espera, esperaa… aag…! --Nada, tuve que volver a pedir una nueva ronda de cervezas, y a mí ya me empezaba a aparecer una ligera sombra en los pensamientos. Él, sin embargo, seguía bebiendo a grandes tragos, ávido de apagar el fuego interior que le devoraba, pero sabiendo todavía lo que se traía entre manos. Quizás, el libro era de las pocas cosas que todavía respetaba por encima de todo.
--Bueno, tienes que elegir… tienes que elegir una pregunta.
Yo recorría con la vista esas supuestas preguntas esenciales de la vida, esas que centraban el interés de las personas desde tiempos tan antiguos hasta la actualidad. La verdad es que me parecían demasiado tópicas, demasiado esperadas, que casi te hacían sonreír. Se dejaban leer casi sin sorpresas, con naturalidad, como quien te cuenta las cosas de toda la vida. Sí, era eso, las cosas de toda la vida… Es decir, con el aire de lo reconocible, de lo esperable, pero, por ello mismo, con el peso de lo que todos terminamos por preguntarnos, al fin. La simpleza de los planteamientos cuando llegamos al cruce de los caminos desconocidos. ¿Qué nos cabe esperar al elegir? ¿A dónde llegaremos? ¿A dónde llegarán nuestros seres queridos?... Pero también las preguntas de los que tienen aires de grandeza, de los que se saben o se quieren destinados a alguna clase de trascendencia espiritual o material. Las preguntas que podrían espantar nuestros miedos o, por el contrario, hundirnos en ellos sin remisión. Porque son así, preguntas para respuestas de doble filo. Esa era su fortaleza, su desafío, la energía que contenían, el asomo al abismo o a la cumbre. Preguntas o respuestas para no dejar indiferente por mucho que trates de quedarte al margen, de no tomártelo demasiado en serio. Preguntas y respuestas para socavar o enardecer. Territorio de fortalezas en cualquier caso.
--Elijo la nueve: “¿Saldré bien en la actual empresa?”
--¿Esa es la que eliges, ninguna otra?
--No, la nueve.
--Está bien. Ahora debes escribir en un papel… --Miramos alrededor para ver si hay alguno a mano.
--¿Aquí mismo, en esta servilleta?
--Sí, ahí vale. Pero ten cuidado de no rajar la servilleta al escribir.
--¡Oiga! ¿Un bolígrafo? Por favor. Gracias.
--Ahora tienes que escribir rayas verticales, de un tamaño como de dos centímetros, todas paralelas y en número mayor a doce.
--¿Así?
--Sí, pero sigue haciendo más, hasta que sean más de doce.
--O Ka. Mira, aquí no sé cuantas habrá, pero ya tiene que haber más de doce ¿no?
--Sí, sí. Así mismo. Ahora tienes que repetir lo mismo cuatro veces más.
--Joder, pues tendré que coger más servilletas.
--Sí sí, las que quieras, pero no pierdas el orden, pa… para yo saber cuál fue la primera y… las de después.
--O ka, mejor te las numero: una, dosss…
--Bueno, pues ya está. Ahora me toca a mí.