jueves, 24 de marzo de 2011

Qué oscura era la noche...



Nada de él, ni nada del fondo, invita al romanticismo ni a cualquier atisbo de sensualidad o evocación, si acaso el movimiento de sus manos. El hechizo está fundamentalmente en la guitarra y en esa voz melancólica y sostenida que sale de ella. Es una estupenda versión de la conocidísima melodía de Ry Cooder para aquella prodigiosa película de Wim Wenders, Paris, Texas. Todavía me recuerdo en los ochenta viéndola extasiado en la pantalla grande.
La extraña atracción de este ritmo y de esta forma de tocar el slide guitar, con antiguas armonías que nacieron del alma, y que por ello siempre regresan a ella, le vienen a Cooder de un viejo bluesman, Blind Willie Johnson. El Blind Willie Johnson de Dark Was The Night, Cold Was The Ground, una de las pocas canciones que tienen el privilegio de viajar hacia los confines del universo, formando parte del saludo humano a cualquier otra civilización o entidad inteligente que pueda encontrar. Las notas deslizantes de esta canción eran acompañadas por B. W. Johnson con su voz característica, entonando una especie de himno; la voz de todos los seres sufrientes de este mundo.
La versión de Ry Cooder inspirada en Dark Was The Night... no pudo ser más afortunada, mimetizándose con el paisaje y los sentimientos de aquella película. Y ésta es la melodía que me acompaña en tantas ocasiones cuando me deslizo por este lado de la isla, también lleno de arideces, en mi bólido dorado a lo largo de la culebra negra de pintitas blancas. El universo de descarnadas soledades, la materia 'prima', el tiempo ajeno, el co(g)ito ad eternum.

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