lunes, 11 de octubre de 2010

Obra y apellidos, en el día que fuimos 'a ver'

Al final Jesús, el autor de El Pintor asesino, se quedó por San Andrés. El viernes pasado, día señalado de “A ver vamos”, como era previsible, estuvo plagado de presencias y ausencias. Es decir, “a ver fuimos” unos cuantos, tantos que batimos record de asistencia en la sala (me comenta Sonia), aunque hablamos de San Isidro. Pero ya tiene mérito esa animación en un pueblo de gran aluvión reciente, aunque también se pretenda pujante y moderno. En la bajada desde La Laguna hacia San Isidro me acompaña Sergio Barreto, que sólo nos conocíamos a través de nuestros textos. Yo más los de él, claro. Sin embargo, le recordé una página web ya desaparecida en la que yo le había pedido colaborar con un poema, “El sur”. Reímos y recordamos esos viejos tiempos con el nexo común del amigo y también poeta y editor, Pepe Varos. También hablamos, como es lógico porque nos atañe a los dos, de la reciente crítica de Eduardo García Rojas en El Escobillón sobre los 13 gramos de gofio... Ja ja, por lo menos nos dejaron en el grupo bueno, le decía. Del texto mío apunta Sergio que le resultó “interesante”, y no es la primera vez que me lo dicen, Juan Royo, por ejemplo, también utilizó ese mismo término. Por “interesante” entiendo yo (igual me equivoco) que sí, que está bien, pero que le faltó desarrollo y despliegue narrativo. Yo estoy de acuerdo, porque cuando se publicó y releí el cuento después de un par de meses tuve esa misma sensación. En fin, le faltó tiempo de escritura, reposo para tomar distancia y volverlo a repasar, pero los compiladores me metieron tanta prisa que quise liquidarlo en un par de días. Nada, así quedó y ya no tiene remedio.
En la concurrencia a la exposición, además de los habituales gatunos del sur, encontré por allí a los escritores Isabel Medina, Javier Hernández, Ignacio Gaspar… A éste último le presento a Sergio Barreto pues ya sabía que su familia procede de Charco del Pino, también cuna natal y residencia de Ignacio. Allí ya se quedaron hablando de árboles genealógicos y demás historias asociadas. Previamente JMª. Lizundia, que también acudió al evento, ya me había hecho comentario sobre mi participación expositiva, un escueto: “Cartelería. Esto no es fotografía sino cartelería”. Yo insisto en que sí, pero en realidad eso es lo de menos. El comentario de JMª, autor de Vasca Cultura de Altura. Retorno estético de Oteiza e Ibarrola o directivo que fue de nuestro Círculo de Bellas Artes (hasta donde sé), tiene el peso de quien tiene opinión fundada sobre arte. El comentario, sin embargo, me defrauda pues no deja de quedarse en el formato, a no ser, claro, que para él ya eso lo diga todo. A G. (su compañera), aunque también plantea lo del cartelismo, por lo menos dice que le gustaron los tres centrales (ya es algo). Al rato regresa con Kiko para preguntarme por la veracidad del relato de “Mi hermano y yo”, por lo menos se dieron cuenta y leyeron ese cuentito. Nada, del resto siempre los comentarios favorables de la buena educación, el no saber qué otra cosa decir y el mejor callar (supongo). A los amigos de la fotógrafa Mª José, que también participa en la colectiva, algo les llamó la atención, pero no sé qué. No nos atrevimos a entablar conversación. A Coco, fotógrafo profesional, le gustaron (sin estruendo, todo hay que decirlo, pero esa es otra opinión de peso). En fin, esto no deja de ser un acto social más, pero en el que siempre aparece alguna piedra de toque y así sabes por dónde andas.
JMª sí que se detiene más en resaltar que no soy Herar sino Hernández Armas, ja ja, se lo advertía con bullicio a Sergio, quien reía sorprendido, ja ja. Cuando bajamos hasta la terraza de Playa Chica, en El Médano, Alberto Linares (que siempre estuvo curioso de las vicisitudes de los nombres de las personas) me advierte que lo de Herar es un acrónimo. No sabía lo que significaba, pero me explica que es el nombre resultante de la unión de siglas o partes de palabras con el objeto de acortarlas. Ahora leo en el wikipedia que también el significado de un acrónimo es la suma de los significados de las palabras que lo forman. Esa, esa era la idea, acortar reuniendo.
Un día me dijo JMª, cuando todavía era tripulante del “Bosque de Tijuana” en Radio Unión Tenerife, «¡Herar, debes estar orgulloso de tu nuevo nombre!» Yo no supe qué decirle, tampoco lo veía como algo tan extraordinario, sólo quería firmar con un nombre más corto del que tenía y se me ocurrió ese. Pero viendo el pequeño revuelo que ha cogido el tema, ya comienzo a entrever que mala cosa cuando la pericia del nombre sobrepasa a la de la obra.
Antonio Núñez estaba especialmente contento esa noche y con Lorenzo y Jaime seguimos la ronda de bares con el ronroneo de aquella hermosa noche, después de dejar a Sonia y a Alberto. Lástima que el Underground nos fallara, donde el polaco nos había prometido que nos esperaban. Bueno, más a Antonio que al resto. Por algo sería.

3 comentarios:

Jesús Castellano dijo...

Lo de4l acrónimo me recuerda a Voltaire, el segundo perro que tuve, un pastor alemán ladrador, algo fascista la verdad. Herar suena un poco así también, a ladrido de mando. Tú te lo pusiste, tú lo tienes que cargar. ya no hay vuelta atrás, amigo Cuervo. (Gracias por la crónica, más cotilleo que en la de nuestro vecino. El cotilleo, la madre de todas las novelas.)

quico dijo...

jajajajaja, pues si que se ha fijado bien Jesús, no como uno claro, ahí esta la diferencia entre alguien que es escritor, elemento acostumbrado a retorcer, a darle la vuelta y a mirar las palabras por arriba y por abajo, por delante y por detrás, por dentro y por fuera, y uno que es un lector y que la mayoría de las veces pasa por encima de las palabras a 140k/h.
Lo digo porque tu nuevo nombre Herar, palabra aguda, es verdad que suena a la voz cuartelera ¡ar!. No hiciste la mili, pero ahí, en tu rebautizo, se te coló el subconsciente militar.
De los trabajos que presentaste, me gustaron las fotos de las sombras. La historia del hermano muerto la di por cierta desde la primera milésima de segundo después de terminar de leerla y me la sigo creyendo, aunque a los dos minutos nos la desmentinte a Gladys y a mi. Sigo dándole más crédito a lo que escribiste que a lo que dijiste, pero bueno eso es cosa mía porque como lector me he apropiado de lo leido y como oyente prefiero ............
¡el blues!!!!!!!.

Ramón Herar dijo...

Aunque siempre es jodido cuantificar, de alguien que escriba créete como mucho el 50%. Lo vivido sólo es el barro con el que modelar la figura que buscas. Pero esa figura debe parecer tener vida propia o formar parte de la propia vida, igual que en el relato. A eso, creo yo, que se refiere Jesús cuando dice que el escritor tiene que 'convencer' o no se es nada.